Muchas personas viven pendientes de los logros de los demás. Es así como a menudo sienten envidia, lo que no les permite disfrutar de lo que ellas tienen. Para salir de la envidia es necesario tener confianza en uno mismo y creer que uno posee la capacidad innata de superar cualquier cosa negativa. Cuando una persona confía en sí misma, el resultado es que se ama y se respeta. Tal actitud no es egoísta ni narcisista, sino una manera sana de funcionar. Necesitamos valorarnos, respetarnos y cuidarnos tal como somos, sin importar la opinión ajena.
La envidia nos detiene en el camino a nuestros sueños y nos mantiene siempre en el mismo lugar. Veamos algunas sugerencias que podemos poner en práctica para lograr ser libres de esta emoción tan dañina:
•Aprender a no inmiscuirnos en la vida de nadie.
Para ello, es necesario que nos miremos a nosotros mismos y quitemos la mirada de los demás. A veces resulta más fácil mirar al otro para no ver lo que está mal en mi vida. Tampoco deberíamos juzgar a nadie por lo que tiene o por lo que hace porque, mientras lo hacemos, no somos capaces de hallar la salida a nuestros problemas.
•Descubrir nuestra singularidad.
¿Sabías que sos único sobre la faz de la tierra? Nadie puede igualar tu singularidad. A veces envidiamos los logros de alguien y procuramos parecernos a esa persona. Lo cierto es que cada ser humano es único e irrepetible y tiene que ser quien es, sin copiar ni imitar a nadie. Nadie es mejor ni peor que los demás. Todos tenemos defectos y virtudes que vale la pena compartir, razón por la cual no deberíamos compararnos con nadie.
•Hablar bien de los demás.
Cuando descubrimos nuestra singularidad, eso que nos pertenece sólo a nosotros y a nadie más, ya no nos vemos tentados a criticar a otros.
•Expandir nuestro arsenal de recursos internos.
Todos nacemos con un potencial ilimitado que está latente en nuestro interior. Cuando ensanchamos los recursos que conforman dicho potencial, somos capaces de enfrentar las distintas situaciones que la vida nos presenta, sin necesidad de mirar a los demás y concentrarnos en sus recursos. Todos tenemos con qué.
•Competir sólo con nosotros mismos.
No es necesario superar los logros ajenos, sino superar nuestros propios logros. No tenemos que ganar lo que gana el vecino o nuestro mejor amigo, sino ganar más de lo que ganamos actualmente. El desafío siempre es con uno mismo.
•Usar nuestra energía para enfocarnos en nuestras metas.
La persona que tiene envidia suele poner su energía en el otro. “¿Cómo que consiguió trabajo? Pero no creo que le paguen bien ahí. ¿Cuánto ganará?”. Dicha actitud es un desgaste de energía que uno podría aplicar a perseguir aquello que quiere lograr en la vida.
En lugar de envidiar, admiremos a aquellos que están un paso adelante en la carrera de la vida. La envidia produce ira; la admiración, motivación. Aprendamos de quienes ya llegaron a la meta y tienen una inmensa sabiduría para compartir con todos nosotros.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a bernardoresponde@gmail.com