La pareja de Fernando Burlando contó detalles de cómo fue su dura infancia con una dura relación con su padre. El estremecedor relato.
Barby Franco atraviesa un gran presente en su vida, encomendada en una relación amorosa de hace años con el abogado Fernando Burlando. Sin embargo, para llegar a este presente de ensueño, la ex azafata de en el programa de Guido Kazcka vivió una infancia durísima con graves problemas en su vida cotidiana por distintos hechos de violencia que ejercía su padre.
"Para mí era re normal que desayune cerveza, que desayune vino, que meriende, que almuerce vino, como que todo el tiempo estaba, estaba con eso y yo lo veía como normal. Normal que venga y, en vez de darme un abrazo, me pegue, ¿entendés? Te estoy hablando yo de diez, once años", contó.
"Le tenía miedo a mi papá. Sí, pánico. Sí, sí, sí", afirmó en su relato y contó estremeciendo a las personas que escuchaban con atención sus vivencias: "Iba con moretones al colegio, sí. Sin dormir, sin nada. Es más, en un momento me iba muy mal en el colegio y, claro, como que decían: “¿Qué pasa en la casa de esta chica?” Y nada: ahí tuvimos la decisión con mi mamá de denunciarlo".
Cuando le preguntaron si ella lo ayudó a salir de la situación, afirmó: "Sí, sí, con catorce, quince años de agarrar y decir: “Loca, vamos, dale”. Porque, pobre, mi mamá muy sumisa, una mujer como muy tímida, muy retraída, como que no agarraba la iniciativa. En ese momento no se escuchaba mucho a la mujer y en el barrio, menos. Hizo cinco, seis, siete denuncias...".
Ante esto la modelo Pampita dijo "Y no le hacían caso a tu mamá", a lo que Barby contó: "Nada. “No, vaya, esto es problema de familia, no pasa nada, lo van a resolver”. Tenía un conocido con Fernando en ese momento, que yo no sabía que ese amigo había llamado a Fernando. El tipo dice: “Bueno, hoy les mando un móvil”. Fuimos a mi casa, cae todo: Prefectura, Gendarmería, la Policía. Claro, se ve que Fernando había...
(Pampita) —No estaba en tu vida, pero ya estaba en tu vida.
(Barby) —Pero yo no tenía ni idea. O sea, yo lo había llamado a mi conocido, que se ve que era amigo de él.
—Y tu mamá golpeada, ¡qué desesperación!
—¡No dábamos más! Vienen y se lo llevan preso. ¡Nunca sentí tanta paz y felicidad en el momento que lo estaban llevando!
—¿Y él qué te dice cuando llega la policía?
—Nada, él estaba borracho, creo.
—Te hubiera gustado que se curara, tener ese papá que no tuviste.
—Sí, sí, pero ya no. Imposible. Imposible. Hicimos todo lo que hicimos, internarlo en la famosa granjita de rehabilitación. No, nada, nunca más.