El único sobreviviente de la Masacre de Flores cuenta cómo es su nueva vida a nueve meses del fallecimiento de Fructuoso Álvarez González.
Matías Bagnato se hizo conocido en toda la Argentina a partir de infame e impresionante hecho muy tristemente recordado. Hablamos de la recordada Masacre de Flores, sucedida hace ya casi 30 años. Matías es el único protagonista que sigue vivo al día de hoy. Ha logrado sobreponerse a los golpes de la vida y cercano a los 50 años vive un presente en el que apuesta a su salud tras realizarse un bypass gástrico.
A poco menos de un mes de cumplirse los 30 años de aquel fatídico suceso y con el caso cerrado, Matías se siente orgullosos de haber podido superar otro de sus grandes temas pendientes, como el es el cuidado de la salud, por lo cual se sometió a un bypass gástrico hace poco menos de cuatro meses. Los resultados ya saltan a la vista con 34 kg menos.
“La decisión ciento por ciento la tomé después de que falleciera el asesino de mi familia. La obesidad es un tema que a mí me acompañó desde chico, pero siempre en niveles controlados, digamos, siempre tenía un sobrepeso dentro de todo lo normal, pero estos últimos 12, 13 años desde que empecé a pasar todo todo este calvario que tuve que vivir, obviamente que se agudizó. Empecé a canalizar también por ahí y llegué a engordar casi 40 kilos, lo cual más allá de un tema obviamente estético lo preocupante era un tema de salud: me dolían mucho las rodillas, la espalda, los valores ya me habían empezado a dar bastante mal, ya estaba con una prediabetes y me diagnosticaron hígado graso avanzado”, comentó Matías.
El 17 de febrero de 1994, Fructuoso Álvarez González incendió la casa de los Bagnato con toda la familia adentro, incluso Nicolás Borda, un amigo de Alejandro, el menor de los hermanos que se había quedado a dormir. Matías Bagnato contó que esa madrugada se despertó con la sensación de tener “una madera atravesada en la garganta”.
Se asomó por la ventana y descubrió que sobre la calle estaba Norberto, un vecino, que le ordenaba que saltara. “¡Prendieron fuego la casa!”, le gritaba. Era un caos, una pesadilla real. Se le había presentado en su habitación y en su casa. Matías le pidió a su vecino que esperara, que antes iba a avisarle a sus papás. Se sacó la remera para cubrirse la boca. Abrió la puerta de su cuarto, pero no pudo avanzar. El fuego lo amenazaba desde el pasillo. Antes de escapar por la ventana, gritó que no se preocuparan por él. Tal vez alguien lo escucharía.
“Cuando miré para abajo, vi que había fuego hasta la mitad de la calle”, relató Matías, años después. No recuerda cómo llegó a la vereda de su casa. Lo que supo fue a través de la reconstrucción de los testigos. Desde la vereda, escuchó el grito desesperado de su hermano Fernando: “¡Me quemo, me quemo!”.
Fernando, de 14 años, murió. Sus padres, José, de 42 años, y Alicia, de 40, también. Su hermanito Alejandro, de 9, y el amiguito que dormía ahí, Nicolás Borda, de 11, también. Solo Matías, de 16 años, sobrevivió a esa madrugada que fue bautizada por los medios como la Masacre de Flores.
Álvarez González fue condenado a prisión perpetua en noviembre de 1995 por el Tribunal Oral en lo Criminal N° 12. Nueve años más tarde, en marzo de 2004, consiguió ser extraditado a España para terminar de cumplir allí su condena, ya que tenía la ciudadanía de dicho país.
El 22 de noviembre de 2008, el autor de la “Masacre de Flores” fue liberado en España, pero en 2011 volvió a ser recapturado en Argentina, luego de amenazar de muerte a Matías Bagnato y a su abuela. Desde entonces, permanecía preso en el Complejo Penitenciario Federal N°1 en la localidad bonaerense de Ezeiza, donde falleció hace 9 meses atrás.