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Pero el destino tenía otros planes. Le jugó una mala pasada a él y a su familia, si bien hubo final feliz. Resulta que pocos días antes del encuentro decisivo de la Copa Neuquén le detectaron Covid 19, al joven jugador, a su papá Fabián, a su mamá Laura y a su hermana Morena, por lo que quedó aislado en su casa.
Impotencia. Dolor físico pero más que nada en el pecho. Angustia por no poder ponerse en un momento crucial la camiseta de “La Poderosa”, como bautizaron entre ellos al equipazo que conforman en el Matador.
“Con los chicos nos conocemos de los 6 años, nos criamos juntos dentro de la cancha. Fue muy duro enterarme que tengo Covid y perderme el partido”, admite Francisco Torres, el protagonista de una de las historias más emocionantes del fin de semana en el fútbol regional.
“Pero feliz por el gesto que tuvieron, fue emocionante. Ganar este torneo fue hermoso por la circunstancia y lo que pasó después, qué te voy a decir, sin palabras…”, resalta la genial iniciativa de los héroes y allegados de Petro tras vencer en la aguardada definición 3 a 1 a Pacífico.
¿Qué hicieron? Su padre, entrenador de la quinta, expone la cronología de los hechos. “El martes previo nos dijeron que teníamos el virus. Muy triste él, porque no esperábamos esto. Amargura, la ansiedad que va generando esto y deseando que los chicos a los que conocemos de tanto tiempo sean campeones y que el club quede en lo más alto. Así llegó el gran día (el sábado que pasó). Ganamos, campeones. Cuando terminó el partido, sucedió lo increíble. Nuestra cuadra se llenó de autos, de bocinas y de banderas. Ellos en la calle, nosotros en la vereda detrás de la puerta. Queríamos abrazarnos, no se podía… Fue una emoción muy grande para mi pibe y para nosotros. No pensamos que todo el mundo se iba a venir a casa, a la puerta, con la Copa y una medalla para Pancho”, resalta Fabián y se le vuelve a erizar la piel.
“Son las lindas historias que tiene el fútbol. Se nos caían las lágrimas. Nos llenó el corazón y el alma. Son cosas que nos regala la vida y esta pasión que tenemos por Petrolero, al que hay que poner siempre en lo más alto”, agrega el progenitor del crack.
“Siempre decimos que un pibe en la cancha es uno menos en la calle. Y estos chicos valen oro”, amplia con vocación docente.
Por último explica en qué instancia se encuentran de la enfermedad. “Transitando el séptimo día, con síntomas no muy complicados y bien asistidos”, resume aliviado.
"¡Dale campeón!", gritan en el medio de la calle unos. "¡Dale campeón!", responden otros, los Torres, desde adentro de la casa en el barrio Centenario de Plaza Huincul. Con gestos y amigos así, es más fácil superar cualquier trance. Panchito y su familia, también son campeones. Una historia “poderosa”.