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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ordenó al Departamento del Tesoro que estudie la creación de un dólar digital, algo que podría cambiar la forma en que se usa el dinero en todo el mundo. Fue luego que hace unas semanas la Reserva Federal estadounidense (Fed) abriera una consulta pública hasta el 20 de mayo para recibir sugerencias para lanzar un dólar digital, aunque aclarando que el Congreso estadounidense tendrá la palabra final.
El dólar digital seguiría siendo un dólar emitido por la Reserva Federal (Fed, banco central) pero en forma totalmente digital y todas las transacciones hechas, como un gasto, quedarían registradas en las cuentas de la entidad y no en los bancos.
A diferencia de las criptomonedas, el dólar digital tendría el mismo valor que el dólar físico, por lo que su cotización no tendría una volatilidad tan alta como las cripto. Aún se desconoce si se desarrollaría a través de una blockchain o se vincularía a algún medio de pago.
Entre los beneficios, algunos expertos señalan que ayudaría a la inclusión financiera, ya que el 5% de los hogares en Estados Unidos no tienen cuentas bancarias. También ayudaría a reducir los costos de transacción: como las cuentas están registradas directamente en la FED, no habría que pagar comisiones a los bancos, tarjetas o aplicaciones. Y además se aceleraría la velocidad de las operaciones de las transferencias, ya que procesos que tardan días en ser validados podrían hacerse en horas.
El criptodolar ayudaría a reducir los costos de transacción: como las cuentas están registradas directamente en la FED, no habría que pagar comisiones a los bancos, tarjetas o aplicaciones.
Desde el sector bancario no ven con buenos ojos a la nueva moneda, ya que implementación de esta moneda les disminuiría la cantidad de dinero depositado de los clientes que usan para poner a trabajar (por ejemplo, dando préstamos).
También despiertan algunas dudas la ciberseguridad y la privacidad: en el primer caso por miedo a robo de dinero, como ya ha ocurrido en varios exchanges cripto, y en el segundo porque la Fed tendría acceso a la totalidad de las transacciones e información financiera de los usuarios.
En los últimos años, varios bancos centrales trabajan en la posibilidad de lanzar monedas digitales (CBDC, en inglés “monedas digitales de un Banco Central”), que serían como las monedas actuales pero sin formato físico, es decir 100% digitales.
Igual que las monedas tradicionales, al ser emitidas por un Banco Central pueden ser administradas por éste: por ejemplo, para evitar un exceso de circulante que genere inflación o, al contrario, para emitir más unidades para fomentar el consumo o la actividad económica.
Es lo contrario de lo que ocurre con las criptomonedas, que al ser descentralizadas no dependen de ningún ente emisor y sólo fluctúan con los precios del mercado. De todas formas, algunas criptos como el bitcoin tienen una pauta de emisión predefinida de antemano para evitar inflación.
La Fed aclaró además que una CBDC no pretende reemplazar al dinero físico: “La Reserva Federal se compromete a garantizar la seguridad y disponibilidad continuas del efectivo y considera una CBDC como un medio para expandir las opciones de pago seguras, no para reducirlas o reemplazarlas”.