De acuerdo a la teoría que llevó a juicio el fiscal jefe Pablo Vignaroli junto al asistente letrado Juan Manuel Narváez, la maniobra defraudatoria tuvo su comienzo el 10 de septiembre de 2018, cuando Mariano Pulla Suaya simuló tener a la venta un terreno que le pertenecía en Parque Industrial.
Para ofertarlo, creó una publicación en una red social en la cual dio a conocer el terreno y puso como precio de venta, 50 mil pesos.
Ese día y tras haberse topado con la publicación, una mujer lo contactó y tras un breve diálogo se pusieron de acuerdo para encontrarse y conocer el lugar.
La mujer, satisfecha con la oferta y el lugar, decidió avanzar con la operación y sólo dos días más tarde acordó con Pulla un nuevo encuentro, durante el cual hicieron firma del boleto de compra-venta y la compradora entregó al hombre el monto de dinero pautado.
No obstante, unos días más tarde y mientras se encontraba en el terreno, la mujer se topó con otro hombre, quien aseguró ser el propietario. Al comunicarse con quien le había recibido su dinero, éste negó haberla querido estafar y no accedió a devolverle el dinero. Ante esto, la víctima hizo la denuncia por estafa.
Luego de presentar toda la prueba contra el acusado, Vignaroli sostuvo: “A través de un ofrecimiento en las redes sociales, el imputado vendió un ternero que no era de él y eso se encuentra plenamente acreditado. Él sabía que no lo podía vender porque era un terreno fiscal”.
Así también lo consideró la jueza Carina Álvarez, quien tras tomarse un cuarto intermedio, informó este viernes el fallo condenatorio para Pulla, por encontrarlo penalmente responsable del delito de estafa.
Ahora, la Oficina Judicial deberá fijar una nueva audiencia en la que se va a debatir la pena que deberá cumplir el estafador.