{# #} {# #}
Un brutal femicidio sacude a localidad bonaerense de Roque Pérez. Es que una nena de 8 años, quien permanecía desaparecida desde este domingo, fue hallada asesinada, incinerada y enterrada en la casa de un primo de la menor, un joven de 22 años que fue detenido.
El femicidio ocurrió en una vivienda de la localidad bonaerense de Roque Pérez y fue descubierto este lunes a la madrugada tras una investigación de la Policía Comunal de Lobos y de la Dirección de Casos Especiales. El macabro hallazgo fue en una propiedad ubicada en la avenida Hipólito Yrigoyen, entre Tagliero y Constitución.
De acuerdo a un vocero policial, la madre de la víctima denunció la desaparición de la nena este domingo, cuando no regresó a la hora acordada tras ir a un paseo con el primo segundo, de 22 años.
El sospechoso detenido fue identificado como Sergio Oliveira, quien de acuerdo a los medios locales, en medio de una crisis de nervios habría dicho: “Me mandé una cagada, me mandé una cagada. No la pude salvar”.
El cuerpo de la nena presentó signos de violencia y de haber sido quemada.
En base a las pruebas obtenidas en el lugar y con los resultados de la autopsia al cuerpo de la nena sobre su escritorio, la fiscal Patricia Hortel elaboró una hipótesis de lo que sucedió dentro de ese departamento entre las 18 y las 19 que derivó en el femicidio de Guadalupe.
Según cree la Justicia, Olivera atacó sexualmente a su víctima que con sus 8 años y apenas 30 kilos intentó defenderse como pudo. El examen realizado al agresor, cuando fue detenido, determinó que tenía rasguños producto de la defensa de la nena, lo mismo ocurrió hace siete años con el portero Jorge Mangeri. No se puede saber a ciencia cierta si llevó a cabo la violación pero lo que sí sabe es que el cuerpo de Guadalupe presentaba distintos tipos de golpes, aunque ninguno de ellos le provocó la muerte. Eso vendría algunos minutos después y de la manera más espantosa imaginable.
Siguiendo con el razonamiento de la fiscal, luego del intento de agresión sexual y con la nena probablemente inconsciente por los golpes, Olivera quiso destruir toda prueba que pudiera incriminarlo, incluyendo a su víctima.
Para hacerlo, tomó brasas calientes y las llevó a una esquina del departamento. Cuando había suficiente fuego, colocó a Guadalupe, aún con vida pero inconsciente, encima de las llamas. Cerró todas las ventanas y tomó una garrafa que la puso a escasos centímetros de la víctima. Luego salió del departamento, pero antes de irse se aseguró de que la puerta estuviera cerrada con llave.
“Por un lado tuvo la intención de borrar toda prueba del abuso que había cometido. Eso lamentablemente lo logró porque en la autopsia fue imposible determinar si hubo violación, ya que los genitales de la nena estaban totalmente calcinados. Pero el objetivo final que tenía era el de hacer explotar el departamento para que no quede ningún tipo de prueba. Esto no sucedió por la falta de oxígeno en el lugar y porque no había nada de madera que pudiera favorecer un incendio”, aseguraron fuentes judiciales a Infobae.