Con tanto tiempo dentro de casa y sin chances de salir, muchos neuquinos aprovecharon el tiempo de cuarentena para hacer limpiezas de placard y deshacerse de aquellas prendas que llevaban años arrumbadas en cajones y perchas. En los últimos meses surgieron también las ferias americanas virtuales, para que todos ellos puedan ganar dinero extra vendiendo esa ropa que ya no usan.
Para Amancay Lagos, la pandemia significó un cambio de rumbo en su actividad. Dejó la carrera de Medicina y comenzó a prepararse para estudiar Letras el año que viene. Mientras tanto, aprovechó su tiempo libre para clasificar toda su ropa y buscar un destino nuevo a las prendas que, en algunos casos, estaban intactas y con la etiqueta puesta en el fondo del armario.
La joven tomó fotos a algunas prendas y creó “Es tan fetch”, una cuenta en Instagram en la que publica las imágenes y los precios de cada artículo. También sacó provecho de su cuenta personal de Facebook para vender algunos artículos. Con el paso de los meses, sumó seguidores y comenzó a recibir ropa de otras personas, que le dejan los productos a consignación.
La feria de María Laura Parodi nació incluso antes de la pandemia, luego de que la mujer notara que la tendencia estaba muy vigente en otros países. “Acá no tenemos cultura de las ferias americanas o de garaje, incluso hay cierto tabú al decir que compramos ropa en una feria o que tenemos algo usado”, detalló.
Decidida a romper esa premisa y motivar una segunda oportunidad para la ropa, creó la Feria Vintage Neuquén. A diferencia de la propuesta de Amancay, María Laura desarrolló un showroom con protocolos Covid para que la gente busque las prendas y se lleve lo que más le gusta.
Sin embargo, su perfil en Instagram ya tiene más de 2500 seguidores y se convirtió en una vidriera virtual para que el público se tiente y coordine una cita en la feria americana. “Siempre les digo que vengan para tocar y probarse lo que van a llevar; a veces vienen por una cosa y se terminan llevando otra que vieron en la feria”, detalló.
Las ferias americanas cumplen una doble función: por un lado, permiten que más personas accedan a ropa en buen estado a precios muy accesibles, en un contexto de incremento de precios para la indumentaria. Por otra parte, hay muchas personas que vacían sus armarios y consiguen no sólo más orden sino también unos pesos extra.
Ambos esfuerzos combinados e impulsados por estas emprendedoras tienen un objetivo común: generar un impacto más amigable en el medio ambiente. Así, las ferias se posicionan como un espacio para darle una segunda oportunidad a la vida de prendas que están en buen estado y que, de otro modo, serían un residuo más.
“Yo hago un acuerdo con la gente que me deja ropa y pongo un plazo de 40 días para venderla a consignación”, dijo María Laura y aclaró que, en caso de que no se vendan, ella las acerca a una parroquia para donar. “La idea es que la feria no sea un depósito de cosas que nadie quiere sino un lugar lindo para encontrar prendas de calidad”, detalló y aclaró que, como se trata de artículos en buen estado, pueden ser donados para prolongar su vida útil.
Tanto Amancay como María Laura se ocupa de clasificar y acondicionar las prendas que reciban. También hacen su aporte estético para elegir los productos más lindos y sacarle fotos que tienten a los clientes. Sin embargo, los precios bajos son el gran atractivo de estas ferias. En general, los productos oscilan entre los 200 y los 1200 pesos, por lo que permiten que las personas accedan a artículos de marca y en buen estado sin gastar demasiado.
En sus páginas de Instagram se puede encontrar ropa, zapatos y accesorios a bajos precios. Muchos artículos son de marca y algunos tuvieron apenas un solo uso. Entre los productos más buscados se cuentan las zapatillas, por los altos costos que tienen sus versiones nuevas en el mercado.
“Yo siempre lavo las prendas porque hay manchas que salen y que, si se dejan, bajan mucho el precio del producto”, afirmó Amancay. En otros casos, los artículos presentan manchas o roturas, por lo que ella se encarga de publicar las fallas para que las clientas lo tengan en cuenta antes de comprar.
Por el uso de tintes y fibras sintéticas, la industria textil es una de las más contaminantes. A eso se suma una moda que impone y descarta tendencias de forma tan acelerada que los clientes usan una prenda muy pocas veces antes de renovar el vestidor con indumentaria nueva. En ese contexto, las ferias constituyen una nueva perspectiva sobre la moda, en donde los artículos de temporadas pasadas tienen la misma vigencia que los que están en el maniquí de una vidriera.
Las ferias comenzaron con prendas propias y de amigas y conocidas. Sin embargo, hoy llegan a usuarios de toda la ciudad que las contactan a través de Instagram. Las emprendedoras esperan seguir creciendo con sus proyectos para seguir ofreciendo artículos novedosos y a bajos precios, al tiempo que cambian la percepción negativa que gira en torno a la ropa usada.
“La idea de la feria es que si nos halagan una prenda podamos decir que la compramos usada y que no sea un tabú”, detalló María Laura y aclaró que la modalidad de feria americana tiene ventajas para todos: para los que venden, para los que compran y también para el medio ambiente.