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En un breve recorrido por estos últimos 15 años, repasamos cuatro casos claves, seguramente son muchos más, pero aquellos que generaron conmoción social: Javier Galar en 2006, Belén y Franco en 2008 y el más reciente Facundo Castillo, el pasado fin de semana, que son los adolescentes y jóvenes que salieron a una fiesta y no la pudieron contar.
Por otro lado, está Lautaro Bettini (2018) que se transformó en un superviviente, una vida que es un milagro, pero que está llena de avatares.
Todos en definitiva tienen algo en común, salieron a divertirse una noche, pero fueron víctimas de jóvenes sacados y alcoholizados, de mínima. Hoy, casi todos los víctimarios ya están en libertad, menos Javier Gutiérrez a quién la justicia Cipoleña lo puso tras las rejas mientras avanza la causa.
Javier Galar tenía 27 años cuando salió a bailar la madrugada del 17 de junio de 2006, en pleno centro neuquino, y ya no volvió más. Parece lejos en el tiempo, ya pasaron 15 años desde aquel aberrante y cobarde crimen que su hermana Miriam, ahora abogada, recordó en una entrevista con LMN.
"Mi hermano había salido con dos amigos y tuvieron un altercado con una camioneta en el centro. A los 50 metros se vuelven a cruzar con ellos en un semáforo. Esos amigos con los que salió mi hermano comenzaron a intercambiar palabras con esas personas de la camioneta y, en un momento, bajan todos de la camioneta y los amigos de mi hermano salen corriendo. Como no los pudieron atrapar, estos chicos, al volver, lo ven a mi hermano que iba caminando solo y deciden desatar toda la furia contra él. Al primer golpe, que mi hermano ni lo esperaba, lo dejan casi inconsciente en el suelo, donde le siguen pegando. Bastante conocido es que mi hermano murió prácticamente con las manos en los bolsillos. No pudo ni defenderse", rememoró con bronca.
El aviso de los amigos de Javier a unos policías que estaban en un local, a un par de cuadras, ayudó a que se pudiera detener en el lugar a un pibe de 17 años y durante la mañana de ese domingo a cuatro jóvenes más: Juan Díaz, Esteban Martín Larrat, Nicolás Chamblá y Leandro Serrano.
Los Galar afrontaron una década de avatares judiciales con todo el desgaste emocional, psicológico y físico que eso genera, ni hablar de lo económico y de no poder terminar de pasar página.
De hecho, en el juicio lo absurdo aturdió a los Galar. "La discusión, en el juicio, recuerdo que era quién le pegó la patada que desencadenó la muerte. No podemos guiarnos en quién fue el último que golpeó a mi hermano y lo llevó a la muerte, cuando estamos hablando de que eran un montón los que lo atacaron", aseveró Miriam.
“Nada cambia”
La madrugada del sábado 18 de enero de 2020, Fernando Báez Sosa fue asesinado a golpes afuera del boliche Le Brique, en Villa Gesell, por un grupo de rugbiers. En esa ocasión nos reunimos con Miriam que nos contó: "Tuve un sentimiento de bronca al ver que pasan los años y sigue ocurriendo lo mismo. Nosotros queríamos que Javier fuera el último, y no vemos que haya solución. Desde mi opinión, lo que pasa es una mezcla de cuestiones sociales, culturales, económicas, políticas. Hay ingredientes de todo tipo y es muy difícil decir ‘la solución es esta’, porque es un conflicto tiene muchos elementos a tratar", analizó la mujer.
"Yo no creo que haya una solución frente a esta problemática ni a corto ni a mediano plazo. Esto se soluciona muy a largo plazo. Encima, lo que veo es que esto va empeorando, no es que va mermando con el tiempo o vamos avanzando como sociedad. Cada vez veo que la sociedad tiene más bronca, más ira. Y la gente se saca la bronca en estos hechos de violencia. También hay mucha cobardía, por eso aprovechan estas patotas o manadas para sacarse esa bronca, que a lo mejor viene por otro motivo, y lamentablemente un inocente paga las consecuencias", resumió de manera clara y tajante Miriam que no imaginó que nuevamente en la región tendríamos más pibes muertos en escenas tan similares y que pese a todo nada cambia.
Los condenados ya están en libertad
Los tres señalados por la Justicia siguen adelante con sus vidas a 14 años del hecho.
Leandro Serrano está con libertad condicional desde el 28 de octubre de 2018. Entre las condiciones que le impusieron, tiene que acreditar trabajo en población judicializada, no cometer otros delitos y no consumir alcohol. Vive en Balsa Las Perlas.
Juan Leonardo Díaz también goza de libertad condicional desde el 13 de octubre de 2018. Tiene las mismas condiciones que Serrano y está viviendo en el barrio Bouquet Roldán.
El menor fue condenado por el crimen, pero nunca estuvo preso. El 28 de julio de 2016 se firmó un acuerdo por el cual la fiscalía y la defensa lo absolvieron. En la actualidad, trabaja en una estación de servicios.
Franco Castro (16) y Belén Araya (18), se conocían desde muy chicos cuando él solo tenía 4 años y ella 6. En ese tiempo, mediados de los 90, salían a jugar juntos en las calles de tierra del barrio Gran Neuquén Norte.
Fundaron una amistad tan solida que se contaban todo e incluso, la confianza que había entre los chicos y las familias, les permitía que se quedaran a dormir. Nunca fueron novios, solo amigos, pero de esos con lo que uno se mira y el otro ya sabe que está pensando.
El 21 de septiembre de 2008, día de la primavera y del estudiante, ambos la pasaron por distintos lugares. Franco fue a la parroquia San José Obrero donde participaba de un grupo juvenil, mientras que Belén acompañó a su mamá al centro a pagar la cuota de un electrodoméstico que habían comprado.
A la tarde noche, ambos con caras de perros mojados aparecieron delante de sus padres para pedirles permiso para ir al boliche Bloke donde iban a ir todos su amigos.
Los padres, más allá de sus temores naturales, sabían que no les podían decir que no. Franco y Belén eran adolescentes excelentes. La condición que le impusieron los padres, era la misma de siempre, “van y vuelven juntos”.
De cumpleaños
Juan Eduardo Hermosilla Soto hacía unos días que había cumplido 28 años. Había conseguido trabajo en una petrolera recientemente lo que le permitió regalarse un camioneta Chevrolet Gran Vitara a la que le metió una heladerita en el baúl plagada de alcohol. Tenía plata, estaba de festejo y quería que sus amigos la pasaran bien. También eligió el mismo boliche Blocke, donde no solo tomó alcohol adentro sino también afuera.
Tal vez en el interior del boliche Hermosilla Soto se cruzó con Belén y Franco, pero sin saber que luego sus vidas quedarían entremezcladas para siempre.
Belén y Franco, decidieron volver alrededor de las 5 de la madrugada del 22 de septiembre, pero para ahorrar unos pesos caminarían por el boulevar hasta la parada del colectivo que está en el Parque Central.
La madrugada estaba un poco fresca por lo que Belén y Franco caminaban abrazados, como solían hacerlo casi siempre por eso algunos creían que eran novios, pero fueron hermanos de la vida hasta la muerte que llegó despojada de todo y a gran velocidad.
En paralelo, Hermosilla Soto, con casi 2 gramos de alcohol en sangre a bordo de Gran Vitara tomó por Olascoaga en dirección a la ruta. Iba muy rápido y a la altura de la comisaría segunda, perdió el control del vehículo que salió disparado para el boulevard por donde venían Belén y Franco que no tuvieron tiempo a nada y murieron juntos tras el violento impacto.
Hermosilla Soto, fue sacado por los bomberos de su camioneta nueva y derivado al Policlínico de Neuquén con fracturas varias.
Las pericias confirmaron que estaba totalmente alcoholizado y que el velocímetro se clavó a 73 kilómetros por hora, por lo que podría haber ido más ligero aún.
Condena y libertad
Hermosilla Soto fue condenado en 2010 por “doble homicidio culposo agravado en concurso ideal” a cinco años de prisión más inhabilitación absoluta e inhabilitación para conducir vehículos por el término de diez años.
A los dos tercios de la pena le dieron la libertad condicional a fines de 2011. “Era un preso ejemplar. No se metía en problemas no hacía nada por eso ni bien se cumplieron los tiempos legales le dieron la condicional”, confió una fuente del caso.
Incluso, en 2020 recuperó la posibilidad de volver a conducir y sigue con su vida.
De Belén y Franco solo queda el monolito del boulevard de la Avenida Olascoaga y cuatro padres que siguen por pura tracción por sus otros hijos, pero con un vacío interior que nunca podrán llenar.
El próximo primero de enero, Lautaro Bettini (24), no podrá evitar brindar con su madre y agradecer que está vivo y no solo por superar la maldita pandemia. Pero tampoco podrá evitar acariciar la lesión del golpe terrible que recibió en la cabeza la madrugada del primero de enero de 2018, que lo mantuvo en coma un menos y medio y de milagro logró salir adelante. Secuelas, Lautaro las tendrá el resto de su vida y van más allá del pronunciado hundimiento de cráneo que le quedó, tiene mucho por lidiar para adelante, pero no solo tiene valor y fuerza sino la posibilidad de hacerlo porque es un renacido.
La fiesta en el Neuquén Rugby Club
Lautaro salió como cualquier otro joven con sus amigos. A pasarla bien, tomar algo, bailar y festejar el inicio de un nuevo año que siempre promete ser mejor, pero ese 2018 se a Lautaro se le desvaneció a las 7:30 cuando se encontraba, afuera del Neuquén Rugby Club, sobre calle San Martín al 8000 en la capital neuquina.
Hubo una discusión de borrachos en la que Lautaro, de onda quiso poner paños fríos, pero Nehuén Rodríguez, un pibe sumamente sacado, vino con pasó firme casi de costado y fuera de la visión de Lautaro y con una tosca le dio de lleno en la zona izquierda de la cabeza.
Tras semejante golpe, Lautaro se desplomó en el suelo y Daniel Morales, un miserable, vino y le dio una patada en la cabeza a un pibe desvanecido.
Todo quedó grabado en un video, que filmaron los mismos jóvenes que estaban observando el episodio y que no hicieron nada por detener a los agresores. Para ellos solo bastó subir el video a las redes sociales.
Mientras Lautaro estaba en coma al borde de la muerte, la Policía logró identificar gracias a los amigos del joven internado quiénes fueron los agresores.
Ambos pibes estuvieron con prisión preventiva mientras Lautaro luchaba por su vida y era expuesto a una serie de cirugía. A la fecha, han sido ocho como mínimo si es que no le han realizado ninguna otra más.
Abrió los ojos
El 18 de febrero de 2018, Lautaro volvió a nacer, para él comenzó una nueva vida, muy compleja, muy difícil, dura, pero después de todo es una oportunidad que quiere aprovechar.
“Pensé que me iba para el otro lado y no volvía más”, confió Lautaro a LMN, en marzo de 2018 mientras iniciaba el proceso de recuperación que es constante.
Su recuerdo de esos momentos de coma estremecen: “Sentía que algo me llamaba, no sé si era para decirme que ya estaba o me llamaba para volver a despertar. Yo le peleaba. Me quería quedar de este lado”.
“Cuando abrió los ojos ya con conciencia, miré a mi mamá, no podía hablar y le quería pedir perdón. Yo pensé que me había embriagado tanto que había terminado internado y ahí ella me contó que me habían pegado un piedrazo”, narró el joven que agregó que sus amigos le contaron que “después del piedrazo convulsionaba y cuando me subieron a la camilla hablaba y me tocaba la cabeza, pero de esas cosas no me acuerdo”.
Todo lo sucedido fue recuperando con los relatos de sus amigos, de Vanesa su mamá y algunos flashes que le venían en sueños por momento vagos.
La recuperación fue una sucesión de pequeños pasos. Si bien volvió a vivir con su madre durante un tiempo, luego fue tratando de recuperar parte de su vida y hasta consiguió un trabajo en una heladería.
Condenados en libertad
Sus agresores la sacaron bastante barata respecto de la suerte que le tocó a Lautaro.
Primero, Morales acordó una pena de 3 años de prisión en suspenso por lesiones graves con alevosía por matearlo en el suelo.
Nehuen Rodríguez (19) fue sentenciado, en juicio, a 3 años de prisión de cumplimiento efectivo por lesiones graves. Sin embargo, al haber estado un año con prisión preventiva en una alcaldia y luego ocho meses con domiciliaria, es decir en su casa, en abril de 2019, le dieron la libertad condicional por tener cumplidos los dos tercios de la pena.
Ramiro Agustín Gutiérrez (24), es un joven que tiene residencia en Bahía Blanca, pero estudia en Roca y la madrugada del 19 de diciembre a la salida de una fiesta en el predio de La Nonina a unos 300 metros de la Ruta Nacional 22 en Cipolletti desató una tragedia.
Arrolló a traición y por la espalda a Facundo Castillo (27), un joven que no solo jugaba al fútbol sino que tenía una vida por delante. La millonaria camioneta BMW X1 que lo impactó le provocó multiples heridas y ese mismo día a las 16 en el hospital Pedro Moguillansky el brillo de sus ojos se apagó y su sonrisa infinita se convirtió en recuerdo.
Por su parte, Gutiérrez huyó, en su camioneta que le costó 10 millones de pesos y que deberían estar averiguando cómo la adquirió porque ni siquiera es monotributista. Es más, en los últimos años viajó a Chile, Uruguay, Emiratos Árabes y México seguró que en el formulario de migraciones puso que era turista, pero en verdad de dónde le llueven tanto millones. ¡AFIP teléfono!
Pero volvamos a la noche de los hechos, Gutiérrez huyó del lugar, escondió el vehículo y cuando su rostro ya era parte de una búsqueda nacional, su padre realizó un casting de abogados en su casa de General Roca para ver, no solo a cual contrataba, sino cuál le garantizaba la libertad de su hijo.
El lunes, sucedían varias cosas en paralelo. Por un lado, los familiares y amigos de Facundo despedían sus restos con mucho dolor. A su vez, la brigada de investigaciones de Cipolletti rodeaba la casa del padre en Roca, junto al fiscal Martín Pezzeta y bajo las ordenes del fiscal jefe Santiago Márquez Gauna.
Durante más de 10 horas negociaron los términos de la entrega del pibe como del vehículo.
La fiscalía sabía que no había margen de negociación posible. Mató, lo que configura un homicidio, después se analiza si es doloso o culposo. Huyó, es decir hubo abandono de persona, luego escondió la BMW X1 que es lo que se denomina entorpecimiento de la investigación.
Todas esas acciones que realizó Ramiro Gutiérrez, se pueden interpretar que fueron para limpiar también su organismo, porque si hubiese sido detenido tras atropellar a Facundo, seguramente le hubiesen hecho estudios de alcoholemia y de sangre para ver si consumió algún otro tipo de sustancia. Una especulación que nunca tendrá respuesta
Se entregó el martes a la madrugada, 1:30, las sombras le sientan bien al parecer, en la fiscalía de Cipolletti. Estaba bañado, con el pelo cortado recientemente y unos toques en las cejas. Una fuente confió: “Lo trajeron limpio, no valía la pena ni sacarle sangre hasta venía perfumado”, y no creo que con colonia Pibes.
Hizo lo que quiso
Lo dicho, ni Gauna ni Pezzeta destimaron lo obvio. Lo acusaron de homicidios doloso, ya que los relatos recabados daban cuenta que hubo intencionalidad al atropellar a Facundo cuando este estaba de espalda y ni siquiera pudo articular movimiento algún para tratar de evitar ser envestido. Un golpe artero sufrió Facundo.
Gutiérrez, primero contó con el abogado Julio Romero al momento de la entrega y luego llegó a la audiencia junto a Martín Segovia, que le indicó expresamente que no declarara.
En la audiencia contaron que Gutiérrez tenía una lesión en la zona maxilar, pese a ello y la recomendación de Segovia, el pibe demostró que nadie le dice qué hacer. Así fue que modulo sin mayor inconveniente pese a la lesión y le declaró ante la jueza de Garantías Rita Lucia: “no me di cuenta, fue un accidente”.
Y si fue así, ¿por qué no bajó de la camioneta y lo auxilió? ¿Por qué escondió el vehículos y se mantuvo prófugo unas 72 horas?
Luego, remató diciendo: "Fue un accidente, estoy arrepentido. No hay vuelta atrás y le pido perdón a la familia de Facundo. Yo no lo conocía y no tenía nada contra él", concluyó Gutiérrez.
Juan Coto, abogado querellante de la familia de Facundo, es un letrado con ojo clínico y muy astuto al que por ahora no lo hacen cruzar un charco facilmente. En su momento, le aclaró a la jueza que no lo creen "ni una sola palabra", y reforzó la idea tanto suya como de sus clientes, de que se trató de un acto deliberado y no de un accidente.
Millones sobran
Entendiendo todos los riesgos procesales presentes en la investigación, fuga y entorpecimiento escondiendo el vehículo, sin contar que por la cantidad de horas que estuvo prófugo no se pudo determinar alcohol en sangre y otras sustancias, la fiscalía no solo pidió la figura del homicidio doloso sino que además solicitó seis meses de prisión preventiva, tiempo que considera suficiente para llegar a juicio.
El abogado defensor Martín Segovia, manifestó que el padre del joven estaba dispuesto para pagar una fianza de 5 millones de pesos. Pero la jueza Rita Lucia, que no se deja apurar por estos presuntos millonarios, rechazó la fianza y lo mandó tras las rejas mientras avanza la causa.
En lo que resta a la investigación, está el informe forense final donde se dé cuenta de los tipos de traumatismos y zonas afectadas que condujeron a Facundo a la muerte. Además de la requisa del vehículo para establecer científicamente con qué partes del rodado golpeó y mató a Facundo.