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El papa Francisco afirmó este sábado que el ex futbolista Diego Maradona, fallecido el 25 de noviembre a los 60 años, "fue un poeta en la cancha". "En la cancha fue un poeta, un grande campeón que regaló alegría a millones de personas en Argentina y en Nápoles", planteó el pontífice en una entrevita con el diario deportivo italiano La Gazzetta dello Sport.
Francisco recordó además el encuentro que tuvo en 2014 con Maradona, durante una actividad de la fundación Pontificia Scholas Occurrentes. "Encontré a Maradona en ocasión de un Partido por la Paz en 2014: recuerdo con placer todo lo que Diego hizo por Scholas Occurrentes, la fundación que se ocupa de los necesitados en todo el mundo", expresó Francisco.
El Papa, que durante el funeral de Maradona envió además un rosario bendecido a su exesposa Claudia Villafañe, calificó al "Pelusa" como "un hombre muy frágil".
En la entrevista, el Papa habló de los valores del deporte como la inclusión, la tolerancia o el compañerismo para hacer un mundo mejor. "El talento es un regalo recibido, pero no es suficiente: hay que trabajar. Entrenar significará cuidar el talento, intentar hacerlo madurar en lo mejor de sus posibilidades", subrayó. Y recordó a los atletas que "corren los 100 metros en los Juegos Olímpicos" y que se entrenan durante años para "esos escasos segundos". "De vez en cuando leo sobre algún gran campeón que es el primero en llegar al entrenamiento y el último en salir: es el testimonio de que la fuerza de voluntad es más fuerte que la habilidad", opinó el Papa.
Y rememoró sus años de la infancia en Argentina, cuando iba con su familia al Gasómetro a ver a su amado San Lorenzo. "Recuerdo, en particular, el campeonato de 1946, el que ganó mi San Lorenzo. Recuerdo aquellos días que pasé viendo a los futbolistas jugando y la alegría de nosotros, los niños, cuando regresábamos a casa: la alegría, la felicidad en la cara, la adrenalina en la sangre", comentó. De pequeño, según dijo, también jugaba al fútbol con una "pelota de trapo", en una plaza cerca de su casa, aunque se describió como "lo que en Argentina llaman un 'patadura'". Por eso acababa siempre jugando de arquero, una decisión que le sirvió de escuela de vida, porque aprendió que el 1 “debe estar listo para responder a los peligros que pueden venir de cualquier lugar".