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Martín Gamero - deportes@lmneuquen.com.ar
Superación es un buen concepto para comenzar a contar la historia de Antonio Paillaguin, integrante de la Cooperativa Independiente de Árbitros Deportivos, que tiene una discapacidad en una de sus piernas. “Nací prematuro, con 7 u 8 meses de embarazo, y muy bajo peso, lo cual tuvo sus consecuencias, como estar alrededor de tres meses en una incubadora lleno de agujas y cables hasta recuperar el peso que correspondía. Por lo que me contó mi vieja, durante el parto, al adelantarme a querer salir, ingerí el líquido amniótico de la bolsa. Esto generó esta pequeña discapacidad”, detalló Antonio, que desde niño usa plantillas ortopédicas por su problema en la pierna derecha.
El joven de 21 años asegura que sobrelleva de manera normal la dificultad física, “Está acoplada a mí, vivo con ella y así tendré que vivir hasta el último día, ya que no posee ningún tipo de solución. Por ahí hay gente que me pregunta qué tengo y con gusto le respondo. Antes me daba vergüenza porque me hacía sentir mal, pero después entendí, con el tiempo, que solo querían saber de mí”, revela sus sentimientos y reacciones iniciales.
Es que a pesar de que hoy cuenta abiertamente sobre su discapacidad, sufrió un duro y largo período de discriminación, principalmente cuando iba a la primaria: “Fui discriminado casi toda mi infancia por parte de la gran mayoría de mis compañeros y alguna que otra compañera. Me banqué comentarios como ‘rengo’ o “patita cumbia”. Ahora que los recuerdo me da risa y me lo tomo con humor. La vida misma se encarga de todo”.
El fútbol es su gran pasión. Es ese mundo aparte donde Antonio se siente cómodo. Lo fue como jugador y ahora lo es como árbitro. “Arranqué a los 8 años a jugar fútbol comunitario en equipos de barrio como Hueney Hue, ahora club Confluencia. Dicha institución me cambió la vida, primero que nada porque me abrió las puertas sin pedir nada a cambio, y segundo porque me dio la oportunidad de jugar y de cumplir varios sueños”.
Hay un podio de personas que el actual juez de la Cooperativa destacó y que son importantes en su vida. “Primero, el señor Hugo López, que me dio la oportunidad de dar mis primeros paso como jugador. La segunda persona es Facundo Llera, que también tuvo la posibilidad de estar en el club un año. Y, por último, el inigualable Ariel Koon, presidente de la institución, que me hizo debutar en Primera División. Incluso me brindó la posibilidad de un primer trabajo temporario en las colonias de vacaciones”, resaltó.
Hace tres meses le tocó dirigir su primer partido, el más importante. “El debut en la Liga cuando arbitré Bicicross ante Centenario por la fase de grupos de la Copa Neuquén es el más significativo, hasta ahora. Recuerdo que fue muy tenso no solo con los jugadores sino también con los padres, que son bastante difíciles”, recuerda.
Antonio, al que le quedan un par de materias para terminar la secundaria, dirigió desde octava hasta predécima. Su anhelo es claro. “Sueño con llegar a dirigir Primera, ya sea de asistente o principal”. En verdad, confesó: “El mayor sueño es que mi vieja esté orgullosa de mí y sea siempre feliz”.
21 años tiene este árbitro ejemplar. Nació prematuro y desde niño usa plantillas ortopédicas. Ya dirigió partidos desde octava a predécima. A los 8 años también incursiono en el fútbol.
Antonio hoy no tiene dudas de que lo suyo pasa por el referato, aunque al principio le costó tomar la determinación. Explica, entonces, qué fue lo que finalmente lo decidió a emprender este camino. “Tomé la decisión de comenzar a ejercer esta profesión, por cierto muy difícil, porque la había amagado a comenzar varios años y no sabía si era lo mío. Además, comencé porque la visión de juego como jugador y como árbitro son muy distintas en todo sentido. Lo más importante es saber muy bien las reglas de juego que tengo que empezar a estudiar porque dentro de un mes tengo examen teórico (risas). Así, básicamente, llegué a la Cooperativa, donde, por cierto, a pesar de mi dificultad física, nunca me pusieron peros a la hora de comenzar el curso, por eso siempre voy a estar agradecido con toda la directiva, con los profesores que nos instruyen todos los viernes y que me acompañan en esta profesión”, señaló.
Elogios del referente
El que lo llenó de halagos a Antonio fue Luciano Julio, la máxima autoridad del gremio de los árbitros en el que se incorporó el protagonista de esta emocionante historia.
“Es un chico con muchas ganas de progresar, humilde y un excelente alumno”, indicó el juez de mayor proyección en la región, con notable crecimiento en el Federal A este último tiempo y que tiene expectativas de llegar a la Primera Nacional y a la Superliga en un futuro no tan lejano.
Lo cierto es que Paillaguin vive su momento soñado y encima tiene banca.