«Estábamos muy cansadas físicamente, pero al final se defendió a muerte. Estoy llorando de emoción porque quería esta medalla; fue muy gratificante. Estoy muy agradecida por haber jugado todo lo que jugué con el equipo. Este equipo se levanta en momentos clave; estoy disfrutándolo». (Luciana Aymar)
«Este bronce vale oro, por todo lo que luchó este grupo para ganar la medalla. Este es un excelente grupo de personas, que crecieron en un sueño llamado Leonas. Esta medalla era algo que nos debíamos y la verdad es que es increíble poder disfrutarlo con este grupo. Nos lo merecíamos». (Soledad García)
«Estoy orgulloso de este equipo, dieron todo porque se pudieron reponer del traspié ante Holanda. No es fácil ganar medallas en tres juegos consecutivos. No fue la de oro, pero la de bronce es de oro para nosotros. Este plantel de chicas es de oro”. (el entrenador Gabriel Minadeo)
Las Leonas obtuvieron la medalla de bronce en Beijing, la tercera que suman en forma consecutiva en los Juegos, y siguen haciendo historia. Esa que nació hace ocho años, en Sydney 2000, donde se originó el mito en el que se convirtió el seleccionado argentino de hockey sobre césped femenino. Que acaparó la atención de los hombres, tan reacios a mirar los deportes femeninos, y le puso nombre a un equipo para la inmortalidad.
Si bien la primera medalla se consiguió en el 2000, esta década gloriosa era algo que se veía venir por la camada de jugadoras, encabezadas por Vanina Oneto, Magdalena Aicega, Jorgelina Rimoldi o Luciana Aymar, quienes mostraban «sus garras» en los seleccionados juveniles. Pero el zarpazo lo dieron en Sydney, después de un mal comienzo, que llevó a las chicas a fortalecerse en forma interna, naciendo en ese momento una marca registrada: «Las Leonas». Fue después de una derrota ante España que las chicas decidieron incluir en sus remeras la figura de lo que llamaron «una leona» (dibujada por la defensora Inés Arrondo), a partir de ahí no pararon de ganar, hasta llegar a una final olímpica. Frente a ellas tuvieron al equipo local, en ese momento el mejor del mundo, como sucede ahora con las holandesas, y las argentinas lucharon y terminaron perdiendo 3 a 1. Pero esa medalla de plata valió más que un oro.
Dos años después, en Perth 2002, las chicas que en ese momento eran conducidas por Sergio Vigil obtenían el campeonato mundial y otra vez se ganaron el respeto de todos. Con el correr de los años, las chicas fueron creciendo al punto que muchas fueron a jugar al exterior y con esfuerzo decidieron que la leyenda debía continuar.
En 2004 fueron a los Juegos Olímpicos de Atenas con la idea de sumar una medalla de oro, pero no pudieron y debieron conformarse con el bronce, luego de vencer en un complicado partido a China. Como les pasó en Atenas, en Beijing Las Leonas tuvieron que superar el mal trago de no poder luchar por el oro, pero juntaron fuerzas y se quedaron con la medalla de bronce para escribir un capítulo más de un historia repleta de gloria.
La victoria fue festejada con llantos de emoción y una tristeza íntima aún por no haber podido ganar el oro tan anhelado por una generación dorada de jugadoras. La noche se cerró con una alegría enorme por subir al podio como en Sydney y Atenas. En los festejos, hubo una que se llevó la mayor atención. A Maggie Aicega, la capitana del equipo, sus compañeras le hicieron una despedida especial, arrojándola hacia el cielo para que no se olvide nunca su paso por el seleccionado que ahora deja. «La verdad que es una alegría enorme. Para mí, era noche de emociones. Pero con emociones no se gana el partido. Se gana con la cabeza y el corazón. Me retiro, me voy feliz con este grupo y esta medalla», dijo con lágrimas en los ojos la capitana. «Me voy feliz, por este grupo, por la medalla y por todas las amigas que dejo. Antes de estos juegos dije que al seleccionado llegué feliz y me quería ir igual y por suerte lo logré». Siempre antes de los partidos «Magui» es la voz cantante del grupo y se encarga de decir las últimas palabras, pero esta vez lo pudo hacer a medias, la emoción no la deja modular. «Fueron pocas palabras las que dije, lo único que pedí fue que lo disfrutemos, que eran los últimos 70 minutos, que disfrutamos dentro de la cancha, que así el resultado iba a venir solo», contó Aicega.
«Es todo alegría, aunque se que voy a extrañar estos momentos. Pero me voy con amigas, que quedan para toda la vida. Fui una más, nunca me caractericé por ser la mejor del equipo. Lo mío siempre fue garra y esfuerzo. Y todo lo que logramos es del equipo y no de una sola persona», dijo. También expresó: «Ojalá yo haya sido una buena persona para todas las chicas».
Además tuvo tiempo para recordar a Cachito Vigil, el entrenador que la marcó en este deporte que ellas llevaron a lo más alto. «Cachito para mí siempre fue como un padre en el hockey. Es una persona 10 puntos», aseguró. En cuanto al porqué de su decisión de dejar el equipo, explicó: «Es para dedicarle más tiempo a mi vida personal, porque el hockey demanda mucho. Quiero darle más tiempo a mi vida, a mi familia y a quienes me bancaron siempre».
«Todo tuvo sus frutos y lo valoro muchísimo. Lo importante es que me voy feliz. Cualquier medalla para nosotras vale oro. Gracias a mis compañeras fui capitana, en mi caso porque el grupo me eligió», comentó además. Al finalizar la entrevista, contó que la de ayer, su última camiseta argentina, fue «para El Diego». «Me la pidió y no le puedo decir que no. No tardé ni un segundo en sacármela», finalizó.