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Agustín Pérez Tapia siempre deslumbra en cada paso por las diferentes categorías. Pasó cuando estuvo en el Torneo Federal con Pérfora; luego con Centro Español; cuando jugó Liga Argentina. En esa oportunidad la página oficial de ese certamen lo destacó como una de las figuras y promesas y volvió a hacerlo recientemente cuando lo incluyó en la sección Talentos de Liga, por su reciente paso por Argentino de Junín, en la Liga Nacional de Básquetbol, el máximo nivel de competencia del país, el último escalón para un jugador que no tiene techo que también integró en algún momento la Selección Argentina de Menores y fue campeón con la Selección de Neuquén en el Campeonato Argentino de Mayores en 2017.
En su repaso por su carrera contó una divertida anécdota que llegó a Cenard convocado para participar de un entrenamiento de la Selección.
“Con 14 años, y durante un Argentino de Clubes recibió la primera convocatoria para ir al Cenard a entrenar con la Preselección con vistas al Sudamericano que se disputaría en Venezuela. Pero ocurrió que al primer entrenamiento llegué tarde. Venía de Neuquén, en colectivo, un garrón. Cuando entro veo que eran todos enormes, gigantes de verdad. Y yo me preguntaba ‘¿qué hago acá?’ Ya estaban todos entrenando, la volcaban todos para atrás, a dos manos, y yo con suerte tocaba el aro”, recordó.
“Después –continuó-, entrenando, ya empecé a entrar en ritmo. Obvio que había jugadores que sobresalían, pero yo siempre me sentí bien, tanto en el físico, como en el juego. No sentí mucha diferencia”.
Eso fue tan sólo el principio. “Después de entrenar, que nos empezamos a conocer, todos me preguntaban de dónde era y dónde es Plaza Huincul. Nadie sabía dónde quedaba, porque los chicos eran todos jugadores de equipos de Liga, o de Liga de Desarrollo, y yo venía del Federal. Les explicaba que era en Neuquén, y todos se sorprendían. Encima, yo no había ido a la primera convocatoria, porque no me conocían, no había tenido torneo Argentino y no me habían llamado”, detalló.
Pero el esfuerzo valió la pena y haber estado entre gigantes también lo convirtió en un gigante ya que terminó quedando entre los 12 que viajaron al Sudamericano de Venezuela: “Estar en una preselección es una locura, y ni hablar en una Selección. Tuve la suerte de conocer diferentes países gracias a eso, porque después fuimos a una gira antes del Premundial, al siguiente año. Fue por Serbia y Eslovenia. Era ir en un avión a Europa con 16 años, imagínate. Un avión enorme, todo enorme, todo otro mundo. La verdad que con esa edad, vivir eso fue una locura. Sin el básquet no hubiese ido nunca a Serbia, por lo menos a los 16 años”, recalcó.
El base nació en Neuquén el 19 de marzo de 1999 y con 22 años cumplidos tuvo un recorrido ascendente que busca potenciar.
En su casa se respira básquet desde siempre. Su papá Sebastián es entrenador y su madre, Andrea Santángelo aún continua jugando, le inculcaron el amor por la naranja desde los tres años.
De la competencia local (estuvo en Atlético Neuquén e Independiente), al Torneo Federal para luego dar el salto a la Liga Argentina (San Isidro y Centro Español) y luego tras la pandemia y la baja de la competencia del Torito se le abrió la chance de jugar con Argentino de Junín siendo una de las revelaciones del torneo.