Así, para evitar los efectos de una bomba oculta en el equipaje, una empresa italiana con sede en Génova creó la innovadora "fly-bag", una bolsa con la que se puede cubrir la bodega o la cabina de un avión de línea.
Se trata del primer contenedor antibomba textil, capaz de proteger a aviones y pasajeros de una explosión.
La fly-bag consiste en una suerte de envoltorio realizado en materiales textiles compuestos, que la hacen resistente al impacto térmico y de movimiento generado por una explosión, y al mismo tiempo adaptable a las exigencias del transporte aéreo.
El prototipo tiene tres versiones: una para bodega de aviones de fuselaje angosto, una para aviones de fuselaje ancho, y una para explosivos introducidos eventualmente en la cabina de pasajeros.