Buenos Aires
Noche negra en La Boca. Lo que nadie quería pensar finalmente se terminó concretando. La Cenicienta de la Copa sigue dando sorpresas y se clasificó a la final del certamen continental de mayor prestigio. A Independiente del Valle le bastaron un par de minutos para igualar un partido que se presentaba accesible para el Xeneize.
Una pelota larga a las espaldas del Cata Díaz se transformó en una situación de gol que despejó Agustín Orión al córner. Parecía que el peligro se había ido pero no; desde el saque de esquina vino el empate de la visita a través de Luis Caicedo, que tomó un rebote en el área mayor. Luego, en la segunda mitad, un par de fatalidades le permitieron ponerse arriba en el marcador para llegar a la primera final de su historia.
Nunca antes había alcanzado los octavos y ahora tiene en su corto historial haber dejado afuera a dos grandes del fútbol argentino como River (en octavos) y el Xeneize en semifinales.
Un año perdido
En el mundo Boca todavía no salen de la pesadilla. Ni los jugadores ni el cuerpo técnico, y mucho menos los hinchas, pueden entender cómo se perdieron la oportunidad de jugar su undécima final de la historia para soñar con la ansiada séptima Libertadores, esa que pondría a los de la Ribera en el pedestal de América junto a Independiente.
Nada de eso sucedió en La Bombonera que, repleta de hinchas, volvió a vivir una gran desilusión. La última había sido la del gas picante cuando Boca enfrentó a River en octavos de final.
Y aunque parezca un mal chiste, el Xeneize pierde su año antes de comenzarlo. El principal objetivo era la Copa para clasificarse a la edición de 2017 y volver a jugar el Mundial de Clubes en Japón. Ahora le queda por delante un semestre sin Sudamericana y donde ni siquiera habrá un campeón en el torneo local, que terminará en abril del año que viene.
De esta forma, los dirigidos por Guillermo Barros Schelloto tendrán que aferrarse a la Copa Argentina, que es la única llave para volver a disputar la Libertadores y así volver a soñar.