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Pura emoción. La cautivante presentación de la neuquina Antonella Domínguez en La Voz Argentina se vive con una alegría plena y como un grito de desahogo - esos de gol- luego de una larga espera y momentos de angustia e incertidumbre. Es que la joven de 20 años tuvo que aguardar más de dos años y medio para saber si finalmente el esfuerzo que hizo al viajar a Bahía Blanca en 2018 para el primer casting del show de talentos de Telefe, iba a rendir sus frutos.
Afortunadamente el momento llegó y su primera performance en el ciclo más visto de la televisión argentina, que precisamente este lunes la rompió con 23,5 puntos de rating, fue vivida y celebrada con su familia como un partido de la Selección nacional en un mundial.
Mientras los llamados telefónicos y mensajes en redes y por WhatsApp se multiplican, los saludos de vecinos, amigos y conocidos siguen acariciando el corazón de Antonella y su allegados, quienes no pueden evitar recordar cada logro y escollo sorteado por la flamante estrella neuquina que anoche conquistó con ese "no se qué" de su voz a Lali Espósito y a Soledad Pastorutti: desde la primera vez que mostró su pasión por el piano y el canto siendo muy chica, hasta la larga cola que hizo su papá, Jorge, para anotarla en la Escuela de de Música de Neuquén, pasando por la tristeza que le generó abandonarla porque no le daban los tiempos con la escuela secundaria, la expectativa y los nervios que tuvo en otros concursos, pasando por el pánico escénico que no le permitió audicionar ante la producción de Susana Giménez, hasta la desesperación de tener a su padre internado en coma por COVID y la felicidad de convertirse en mamá, dos acontecimientos que coincidieron con ese enorme paréntesis entre ese viaje a Bahía Blanca y su aparición en La Voz Argentina.
"Fue un proceso largo. En 2018 ella decidió sola ir al casting. Se fue hasta Bahía (Blanca) sola, se organizó, se pagó el pasaje con sus ahorros y fue allá porque pensaba que en Buenos Aires iba a tener pocas posibilidades de quedar y quedó. Pero fue un suceso muy largo porque con la pandemia pensamos que no iban a hacer el programa. Nadie nos decía nada hasta que empezaron los rumores y dijimos: 'bueno, el programa va a arrancar'. A ella la llamaron en marzo de este año y el programa de ayer se grabó en abril. En la primera audición ella podía llevar a dos familiares, así que viajamos juntas. Fue una espera enorme la que comenzó en 2018 y la que tuvimos hasta la presentación de ayer que fue más linda", remarcó emocionada Analía Del Pino, la mamá de Antonella, en diálogo con LMNeuquén.
"Fue muy emotivo todo. Mi marido lo pudo presenciar en casa, después de todo lo que nos tocó vivir con él por el COVID. El año pasado estuvo 40 días en coma, 50 días internado muy mal. Fue muy difícil y ella estaba viviendo todo ese proceso y con todo esto se le complicaba más todavía. Gracias a Dios pudimos disfrutarlo en familia, fue muy emotivo", recalcó.
Consultada por el paso de comedia que protagonizó con Lali Espósito, La Sole, Ricardo Montaner y sus hijos Mau y Ricky, los integrantes del jurado que se acercaron a saludarla, expresó: "Fue tremendo. Yo fui a acompañarla a Antonella y terminamos siendo todos medio artistas ahí. Nunca me imaginé que los cinco iban a venir donde estábamos nosotros. No sabía que iba a tener ese protagonismo, fue muy hermoso. Tampoco pensé que se iba a vivir como se vivió: gente que no conocemos, vecinos, gente de otros barrios, otras ciudades que estuvo apoyando. No hay palabras, muy lindo todo", expresó con gratitud.
Analía contó que la felicidad de ver a su hija en La Voz coincide con la que siente desde hace dos meses y medio cuando se enteró que iba a convertirse en abuela. "Este año fue muy lindo porque ella quedó embarazada, así que está llegando su primer bebé. Son un montón de sensaciones, muy emotivas. Siempre le digo, 'arrancaste el año con todo'", exclamó, antes de comentar que actualmente su hija trabaja en una conocida heladería de Cipolletti.
En cuanto al recorrido musical de Antonella, precisó: "A ella siempre le gustó la música. De Chiquita ella le gustaba mucho el piano, bailaba, cantaba. Entonces nosotros empezamos a ver que tenía un talento. Consultamos en la Escuela de Música y nos dijeron que podíamos anotarla a partir de los ocho años, así que ni bien los cumplió mi marido se fue a hacer fila allá. Con toda la paciencia del mundo esperó y gracias a Dios pudo hacerla entrar. Estudió siete años, después dejó porque se le complicaban los horarios con la secundaria. Igual nunca dejó de hacer cosas con la música", aclaró antes de destacar que Antonella participó en varios concursos musicales.
"En el último que estuvo fue en Neuquén canta de LU5. Cuando tenía 10 años fuimos a una audición para el programa de Susana Giménez que vino a Neuquén. Siempre mi marido haciéndole el aguante, fue a hacer fila a las 4 de la mañana y en el momento que le tocó presentarse se empacó y no quiso cantar. Quedamos ahí con los rulos hechos porque le teníamos mucha fe. Ella era chiquita y le dio como pánico. Pero bueno, son anécdotas y aprendizajes que van quedando", valoró Analía.
Consultada sobre el motivo por el cual su hija eligió a Lali como coach cuando a lo largo de su vida siempre sintonizó más con las canciones de la familia Montaner y el folclore de La Sole, Analía señaló: "Fue una corazonada. A ella le gusta mucho la familia Montaner en si. Ella se crio con la música de Montaner y La Sole. A Lali no la escuchábamos mucho pero ella optó por irse con ella por una corazonada que habrá tenido".
"A mi me sorprendió pero no se equivocó, fue lo mejor. Ahora que la conoció quedó encantada, Lali es una persona excepcional. Además es una chica de barrio también que salió de muy abajo, como que se identificó también con ella", sostuvo en alusión a su hija que creció en el barrio Villa Ceferino.
"Yo sueño que mi hija siga con lo que le gusta. Ella ama la música y yo espero que se le pueda dar. Yo quiero que pueda terminar sus estudios porque tuvo que salir a trabajar y terminar lo que ella siempre soñó. Ella quiere ser artista y también enseñar", concluyó Analía, quien ayer se fue a dormir con el teléfono repleto de mensajes y este martes no para de contestar llamados, agradeciendo la comprensión en su trabajo por las interrupciones en una jornada tan poco habitual como conmovedora e inolvidable.