{# #} {# #}
Me propuse hacer una columna con los beneficios de la meditación. Hice un exhaustivo recuento de información científica, leí artículos de neurociencia, aprendí citas de expertos casi de memoria, y después de todo ese recorrido caí en la cuenta que el mejor aporte que podía hacer es el vivencial, que en mi vida la práctica meditativa me llevó de regreso a un lugar del que nunca debí alejarme, y estoy segura que mucho de mi proceso de sanación está relacionado con esta mágica práctica, en la que para iniciarte no tenés que viajar a la India ni vestirte de moje tibetano (aunque si querés hacerlo, también está muy bien!).
Esto que hace algunos años nos parecía lejano, asociado a la filosofía oriental o a la religión, hoy es una práctica cercana, que sólo necesita de nuestra decisión para que sea parte de nuestra rutina diaria. Y más allá del sinfín de estudios científicos que señalan que la meditación puede provocar cambios en la conformación de ciertas zonas de nuestro cerebro (en el hipocampo: zona relacionada con el aprendizaje y la concentración), modificando el grosor y la densidad de nuestra materia gris y creando mayores conexiones entre nuestras neuronas; o los estudios que demuestran que al reducir el estrés controlando el ritmo respiratorio, ganamos en salud cardiovascular; prefiero compartir el “cómo hacer” para acercar posibilidades y descubrir que está al alcance de todos y todas.
Entre muchas definiciones, podemos decir que la meditación es la práctica por medio de la cuál entrenamos nuestra mente para tener mayor control sobre nuestras emociones. Si, así de sencillo: así como entrenás tu cuerpo podés entrenar tu mente, y una forma para hacerlo es la meditación. El ritmo de vida, las obligaciones, el exceso de información y de conectvidad, nos llevan a vivir acelerados Nos transformamos muchas veces y de modo inconsciente en robots que sólo reaccionan ante estímulos que perciben como amenazas. Cuando decidimos comenzar a vivenciar la meditación –aún recuerdo mis primeras experiencias con el Mindfulness en días de hospitales y oscuridad-, lo primero que reconocemos es la poca conexión que tenemos con nuestro cuerpo, nos damos cuenta que respiramos sin prestar atención a nuestra inhalación y nuestra exhalación.
El desafío de aplicar atención plena a nuestra respiración nos trae presentes al momento presente, y con ese simple, pero mágico suceso logramos reconocer que la mayoría de las veces las amenazas no son tales, y podemos ir controlando nuestro estrés (que no es otra cosa que una respuesta automática a un mundo que decodificamos como hostil y lleno de agresiones). Cuando logramos experimentar ese sutil cambio en nosotros, el mundo se transforma y opera la magia de esa frase que amo: “se el cambio que quieres ver en el mundo”.
Nuestra calidad de vida está directamente relacionada con la calidad de nuestros hábitos. Y si hay un buen hábito, que está al alcance de la mano -con beneficios directos sobre nuestro cuerpo y nuestra mente- ese es el de la MEDITACION
Si ya sos un practicante de la meditación, o si alguna vez te interesaste en la misma, sabrás que no es una práctica que brinde sus frutos de modo inmediato, y eso ya desde el vamos es una prueba a nuestra paciencia y fuerza de voluntad. Meditar requiere tiempo de práctica, constancia, esfuerzo y perseverancia. Y en ese ejercicio de proponernos al menos dos veces por día reservar un espacio de tiempo adecuado para nuestras prácticas, vamos ganando en capacidad de focalizar, tenemos un objetivo en mente y buscamos la forma de poder concretarlo. Este prestar atención a nuestra práctica y ganar en foco, potencia nuestra creatividad, concentración, y conexión con nuestro cuerpo. Especialmente en momentos en los que no nos sentimos bien, por tiempos de enfermedad o de angustia, lograr focalizar y sostener nuestra práctica meditativa nos da herramientas para gestionar mejor nuestras emociones, y muchas veces hasta para controlar el dolor. Cuando yo me olvido de estas premisas, suelo repetirme cual mantra: “mientras peor te sentís más necesitas meditar!”, porque como en todo proceso de aprendizaje y de creación de buenos hábitos el recorrido no es lineal, y permitirnos estos vaivenes es parte de reconocernos vulnerables. No importa si algunos días perdiste el método, ¡siempre podés retomar!
Como todo hábito, hay que generar la rutina que repetida sistemáticamente nos permita ir creándolo. La enorme posibilidad de acceder a contenido de valor e información calificada que nos da el buen uso de la tecnología, nos permite conocer e ir probando distintas técnicas o propuestas por medio de las cuales podemos alcanzar estados meditativos. Es importante saber que, así como no es necesario vivir en un monasterio en Indonesia para meditar, tampoco es necesario acotarse a una solo forma de hacerlo. Podes meditar en silencio, podes meditar cantando, podes meditar inmóvil, podes meditar en movimiento. Yo soy algo curiosa, y en mis inicios mi mente hiperactiva y mi actitud reactiva, me llevó a experimentar con prácticas muy corporales que lograban desde el movimiento, la danza y la catarsis, aquietar mi mente. Hoy, después de mucha práctica y vivencias, me hace muy feliz reconocer que logro traer a mi vida cotidiana la experiencia meditativa cada vez que siento que mi mente se escapa, o mi actitud retorna a la reactividad de la supervivencia: sólo cierros los ojos y respiro con consciencia de 3 a 5 veces, y en ese volver al momento presente, retomo mi plano consciente.
A esta altura del relato, si nunca practicaste, ojalá ya estés preguntándote ¿cómo empiezo? Algo que a mí me funcionó fue establecerme dos momentos de práctica al día de no menos de 10 minutos cada uno. En ambos casos cada momento asociado a algún hábito que ya tengo establecido: por la mañana después de limpiar mi lengua y antes de alcalinizar mi cuerpo con agua con limón, y por la noche después de lavar mis dientes y antes de ir a dormir. No te hagas trampa –en ciertos momentos reconocerte vulnerable es parte de la mirada compasiva con vos mismo- pero no hay que perder exigencia en el horario y la secuencia, recuerden que estamos entrenando a nuestra mente que vive hace mucho tiempo haciendo lo que ella quiere; e iniciarnos en esta práctica es tomar el timón del barco para lograr que sea nuestra aliada. Hay muchas opciones de meditaciones guiadas en internet, los invito a que prueben, sientan con que propuesta vibran mejor, que se permitan ser y fluyan. Y si no logramos sostener la práctica en casa, en la zona hay muchos centros y espacios con ofertas para acompañar tu práctica meditativa.
Todos estos beneficios que les cuento (y créanme que es un resumen injusto porque no alcanzan las letras para describir la alquimia), se multiplican cuando meditamos entre muchos seres: la energía; la calma y el buen-pensar del colectivo potencia la plenitud en cada uno. Hace algunos años se vienen realizando eventos de meditación masiva en muchas ciudades del mundo, y tengo una buena noticia: el 24 de abril, también nos sumamos a esta ola: NEUQUEN MEDITA. Un evento creado por un grupo autoconvocado de meditadores que auspiciados por la Municipalidad de Neuquén, brindarán distintas prácticas meditativas para que todos podamos acceder a esta hermosa posibilidad, probando distintas experiencias, sintiendo con cuál nos sentimos mejor y vivamos la experiencia colectiva de meditar. ¿Querés más? Hay más! como cierre del NEUQUEN MEDITA un DJ nos invitará a meditar bailando con música que eleva vibración con el Río Neuquén como telón de fondo. Una tarde de domingo mágica en Parque Este de la Ciudad de Neuquén. Espero nos encontremos compartiendo esta innovadora y vibrante propuesta. A´por todo navegantes!
(*) La columnista es creadora de Calma Chicha, una comunidad con propósito.