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La misteriosa e increíble historia del busto de Evita

Lo escondieron durante dos golpes militares. Hoy está en la casa de Felipe.

Mario Cippitelli

cippitellim@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Todo comenzó con una tormenta de nieve, de esas que tapan los pueblos y tiñen de desesperanza. Era el invierno de 1953 y Cutral Co era un pueblo chico dentro de un territorio pobre al que le faltaba de todo y que ni siquiera soñaba con ser provincia.

Un año antes el dirigente peronista Felipe Sapag había asumido la presidencia de la Comisión de Fomento de aquel lugar con la firme de decisión de trabajar para que Cutral Co prosperara y encontrara finalmente el camino del desarrollo.

Pero el clima tenía otros planes. Aquella impresionante nevada, acompañada por temperaturas bajo cero y también fuertes lluvias hizo que el invierno fuera una pesadilla. Sabiendo que los recursos provinciales eran pocos, Felipe decidió llevar su pedido desesperado a las autoridades del Partido Justicialista para que enviaran a la Presidencia de la Nación el mensaje de que la situación era realmente desesperante: familias evacuadas, casas que habían colapsado por el temporal... Para peor, la ayuda local no alcanzaba para nada.

A los pocos días, un tren con alimentos, ropa, colchones, materiales de construcción y mercaderías llegó al pueblo. Lo había enviado la Fundación Eva Perón. Durante dos semanas, operarios que vinieron de Buenos Aires arreglaron casas y solucionaron los problemas más urgentes.

Fue tanto el agradecimiento, que Felipe Sapag se comunicó con el gobernador Pedro Luis Quarta para decirle que tendrían que hacer un acto de reconocimiento a la Primera Dama. Además de rebautizar el pueblo con el nombre de Eva Perón, hicieron una colecta para comprar un busto con la imagen de Evita y una placa recordatoria. Sin embargo, la tranquilidad duraría poco tiempo.

El golpe de Estado de 1955 que derrocó al Presidente trajo además un marcado sentimiento antiperonista. En todas las ciudades del país, hubo graves choques entre quienes defendían a Perón y quienes festejaban que lo habían derrocado.

En Cutral Co, simpatizantes justicialistas se trenzaron a golpes con un grupo que había llegado al lugar donde estaba el monumento para derribarlo a mazazos. Algunos militantes alcanzaron a llevarse el busto y lo escondieron en la Unidad Básica para evitar que lo roben o lo destrocen. Sin embargo, cuando se hicieron cargo las autoridades que intervinieron el gobierno y allanaron la sede no lo encontraron.

Durante varios años se habló de la misteriosa desaparición del busto de Evita hasta que en 1973, durante la gestión de Felipe Sapag (ya como gobernador y por el MPN) recibió en Neuquén la visita de un amigo de la familia y trabajador de YPF, Osvaldo Santos Valet, que le traía como obsequio aquel busto que habían estado buscando durante tanto tiempo. Valet le explicó que fue él el que se lo llevó de la Unidad Básica y que lo guardó en silencio durante todos esos años.

Felipe le agradeció el gesto y decidió llevarlo a la Legislatura para que estuviera en el hall de entrada. Sin embargo, el golpe de 1976 volvió a cambiar el destino de aquella efigie.

Ese mismo 24 de marzo, el gobernador dio una última orden a sus colaboradores: “Vayan a la Legislatura y traigan el busto de Evita”. La orden se cumplió y la estatuta fue escondida por el propio Felipe en una buhardilla de su casa.

Hoy el busto deformado por los golpes y escondido durante tantos años es parte del “museo” que dejó el gobernador en esa propiedad.

La imagen maltratada, pero que mantiene las facciones de Eva, es a la vez la protagonista de una historia increíble que comenzó hace 65 años con un violento temporal de nieve en aquella pobre y olvidada Cutral Co.

(Un agradecimiento a Luis Sapag por los aportes históricos y las fotos que se publican en esta página.)

Felipe siempre adoró a Evita, pero tenía resquemores con Perón”, dijo Luis Sapag, hijo del ex gobernador

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