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La Nona, una mujer con alma voraz

La obra, que ya es un clásico del teatro, llega mañana y el domingo al Español, interpretada por el gran actor que la inmortalizó en el film de 1979.

Por Ángeles Nieto

 

Estrenada en 1977, la primera interpretación que surgió sobre La Nona, la obra escrita por Roberto Tito Cossa y por entonces protagonizada por Ulises Dumont, fue que era una parábola de la dictadura militar. 
A medida que fueron pasando los años y cambiando los contextos, cada uno le dio su propia significación. 
Por estos días, y según cuenta Pepe Soriano, quien llega a Neuquén por primera vez con esta obra, el sentido que más resuena en la gente es que la abuela representa a los fondos buitres. Sin embargo, para este gran actor de 85 años la pieza habla de otra cosa. Para él, esa perversa mujer centenaria no es más ni menos que la muerte.
Y seguramente su interpretación sea la más acertada. Simplemente porque él participó de la génesis misma de este personaje que terminó por convertirse en un clásico del teatro mundial; pero también del cine argentino, donde justamente fue Soriano el encargado de inmortalizar a la anciana en la película de 1979 que dirigió Héctor Olivera.
Treinta y cinco años después, y gracias a una promesa que se le hizo a Carlos Rotemberg que el productor jamás olvidó, Pepe Soriano vuelve a dar vida La Nona, aunque por primera vez sobre tablas. 
“La idea original fue concebida en una serie de reuniones que teníamos con un grupo de autores de la llamada “generación del ‘60”, de la que formaban parte (Germán) Rozenmacher, (Carlos) Somigliana, (Ricardo) Halac, (Ricardo) Talesnik y Tito Cossa. Íbamos a hacer un programa de televisión de media hora semanal con distintos personajes. Y le dije a Cossa que me escriba una vieja, e hizo esta maravilla que es un clásico del teatro argentino. No lo pude estrenar porque estaba comprometido con otro trabajo”, comentó Soriano, y reveló: “Rotemberg recordó que le había dicho que cuando cumpla los 85 la íbamos a hacer. Entonces me llamó y me dijo ‘¿te acordás lo que me prometiste?’ Y así salió”. 
Destruir y destruir
La Nona trata acerca de una familia de origen italiano que convive con una abuela que, a pesar de su avanzada edad, come sin parar, mientras el resto lucha con las cuentas para alimentarla y poder llegar a fin de mes. Sumidos en la ruina total, sus integrantes comienzan a buscar los más diversos caminos para ganar dinero y eventualmente deshacerse de la mujer. 
“Es un monstruo realmente. Ese personaje en la realidad no podría existir, es un personaje simbólico inserto en una realidad. Devora todo y termina comprometiendo la vida de la familia, ya no solamente la economía”, describe Soriano, quien asegura que a nivel compositivo es un personaje que no le generó dificultad. 
“No tiene contradicciones, que es cuando realmente hay que trabajar mucho un personaje. Es unilateral en el pensamiento: destruir, destruir y nada más, porque no recupera absolutamente nada, ni un sentimiento; su motor es terminar con la vida”, insistió. 
Ciudadano de un país 
Así como su personaje, Soriano goza de una vitalidad envidiable. A sus 85 años, el actor disfruta de salir a recorrer distintos escenarios. 
“Es una gira pequeña, no vamos más lejos de Neuquén”, aclara, pero el encuentro con el público de otros lugares es algo que necesita para construirse como actor.
“Es un hecho absolutamente personal e intransferible el querer ser ciudadano del país. Yo me podría quedar en Buenos Aires, donde tengo la fuente principal de trabajo. Pero eso que dicen de que Dios es argentino pero atiende en Buenos Aires a mí no me interesa. Soy argentino y quiero recorrer mínimamente mi país”, expresó, y recordó el recorrido que hizo con El loro calabrés, esa experiencia teatral que más que una obra es “otra cosa de orden personal”, según definió, con la que visitó los lugares más remotos, y que le valieron infinidad de vínculos y afectos. 
Son esos valores y esas búsquedas que transcienden su profesión, los que hacen de Soriano un actor respetado y admirado.
“No tengo nada que ver con el estrellato. Mi oficio es estar arriba del escenario, o adelante de una cámara para representar algo, ahí termina la historia. Uno es el encargado de representar lo que la sociedad produce para enfrentarla, en la medida de los posible, con su propia contradicción, que uno también la tiene porque es parte de esa realidad. Luego la vida personal es la vida de cualquier persona. ¿Qué tiene de diferente, si es igual al resto de la gente que sufre, llora, se ríe, se conmueve. Ahí no hay diferencias”, remarcó el hombre que, como si fuera poco, desde hace ocho años preside la Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes.

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