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En un comunicado, la enviada especial de la ONU para Irak, Jeanine Hennis-Plasschaert, lamentó las muertes de manifestantes a manos de las fuerzas de seguridad iraquíes durante las protestas y sostuvo que “el derramamiento de sangre diario es intolerable”. Asimismo, calificó de “alarmante” el “reciente aumento en el uso de munición real” por parte de las fuerzas de seguridad iraquíes y grupos armados no identificados contra manifestantes y activistas.
Según la funcionaria, 19 activistas murieron en las últimas dos semanas, 11 de ellos en Bagdad. Añadió que “los autores de estos asesinatos deben ser llevados ante la Justicia” y exigió a las autoridades que “intensifiquen los esfuerzos para romper el estancamiento político”.
Irak se encuentra en medio de una crisis política a raíz de las multitudinarias protestas que continúan y que llevaron al primer ministro Adel Abdelmahdi a renunciar el 29 de noviembre, aunque aún sigue ocupando el cargo de forma interina. Las protestas emergieron de forma espontánea en diferentes ciudades del país, donde miles de personas exigieron en las calles el fin de la corrupción y soluciones para los problemas de desempleo y la falta de servicios.
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