140 caracteres permite escribir esta red social, que es fuente de opinión e información entre usuarios.
Silvia Ramírez Gelbes, doctora en Lingüística de la UBA, le explicó en una nota a Infobae: "Twitter no genera infantilización en las personas. Por un lado, creo que hay una construcción de la propia imagen en cuanto a que muchos tuiteros necesitan mostrarse ocurrentes. Eso, sumado a otros aspectos, es parte de la "adolescentización" de las personas. Se busca responder rápidamente con algo gracioso que se asocia a otros comportamientos adultos. Twitter es un emergente del cambio de la aproximación a la realidad y está a la revolución de internet, en donde no se valora el tiempo sino el espacio". Lo que se sabe sobre el cerebro, en este momento, sin embargo, no se suma a la visión del terror que la gente como Greenfield han descripto. El cerebro está literalmente cambiando siempre, ya que se encuentra recibiendo nueva información constantemente.
Meshi, junto con dos colegas, publicó una revisión bien recibida en las revistas de ciencias cognitivas donde evaluó las redes sociales y el cerebro. Ellos encontraron que ningún estudio ha demostrado que las redes sociales modifiquen el accionar del cerebro de una manera distinta a la de una conversación o la lectura de un artículo periodístico.
Hay más sintonía con Facebook
El trabajo liderado por Dar Meshi ha encontrado que las personas con alta sensibilidad en sus núcleos accumbens (grupo de neuronas del encéfalo) izquierdos, parte del sistema de recompensa del cerebro, están más en sintonía con Facebook. No es que Facebook ha cambiado o "podrido" sus cerebros, sino que logró un impulso natural más fácilmente visible. Por desgracia, hasta que más neurocientíficos tengan un verdadero interés en este campo específico, es poco probable saber algo más detallado de lo que produce Twitter. ¿Habrá una conclusión en 2026?