Llegó marzo y, con él, arribaron a Neuquén decenas de artesanos desde distintos puntos del país para darle vida a La Pergolita, el tradicional paseo de artesanías que ya cumplió 22 años y que mezcla dosis iguales de tradición y novedades para el público.
Desde temprano, las estructuras metálicas de los puestos sobre la Avenida Argentina comienzan a llenarse del color propio que cada artesano imprime a su pequeño local. Las luces tratan de destacar su producción y los vendedores suman paños de terciopelo rojo y manteles sobre los que ubican mates de madera tallada, anillos y pulseras de plata con piedras engarzadas, ropa tejida al crochet e instrumentos musicales. Todo lo que uno busque puede encontrarse en La Pergolita.
Cristina Ávila llegó desde Mendoza con unos enormes floreros de papel maché y cartapesta que vende por 500 pesos. “Son para espigas de trigo o cañas, este papel es muy duradero, pero no se puede mojar”, aclara, y enseña unos objetos en tonos tierra decorados con diseños geométricos en colores vibrantes.
La mendocina solía trabajar como modista y tomó clases de esta técnica con el fin de incorporar un hobby. Pronto, su vida laboral viró hacia la cartapesta y ahora vende, en la plaza principal de Mendoza capital, los artículos que ella misma diseña y fabrica.
Virginia Luhia, oriunda de Córdoba, ensayó distintas artesanías antes de llegar a la producción de mates. Hizo bijouterie y botones artesanales hasta que comprendió que los productos más elaborados y costosos son más difíciles de vender.
Toda su trayectoria en el mundo de la artesanía le permitió expandir su imaginación en el universo matero y ahora elabora recipientes de asta de vaca, de calabaza pirograbada y unos delicados cuencos de madera con detalles de alpaca que son los favoritos de los neuquinos. “Neuquén es una de las ferias con mejores ventas y la gente elige los productos más finos”, señala.