La rabia está producida por un virus ARN del género Lyssavirus y es casi siempre mortal para los humanos una vez que aparecen los primeros síntomas. Más del 99% de los casos de rabia humana son efectos secundarios a mordeduras de perro, aunque también puede ser transmitida por otros animales que puedan ser reservorio del virus, especialmente los murciélagos. El cuadro clínico suele ir precedido por una sensación de angustia, cefalea, fiebre, malestar general y alteraciones sensoriales indefinidas.
Las zonas más riesgosas a nivel mundial son Asia y África: ahí se concentra el 95% de los casos.
Para prevenir el contagio hay que tener en cuenta las áreas en donde está más presente. Sólo dos países en el mundo han sido declarados libres de riesgo por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Europa, Australia, América del Norte y el Cono Sur figuran como zonas de bajo riesgo, mientras que casi toda Asia y África están consideradas áreas de riesgo medio o alto. Es en estos dos continentes donde, de acuerdo con la OMS, se concentra el 95% de los casos. Para evitar la rabia se recomienda no tener contacto con animales vagabundos o salvajes en las zonas más afectadas, especialmente con los murciélagos, y extremar las precauciones con los niños.
Información para el viajero
A las personas que puedan llegar a viajar a algunas de las zonas de mayor riesgo se les aconseja antes visitar a un especialista para poder ir prevenido. Para las personas que vayan a estos lugares, hay algunas plataformas digitales en las que pueden encontrar información útil sobre el punto de destino: comoviajarsano.com y viajarsano.com. Hay información disponible también en una app tanto para Android como para iPhone del portal español www.gsk.es, que se especializa en ciencia y farmacia.
Cuando un viajero vaya a trasladarse a estos países afectados y, además, les toque pasar mucho tiempo al aire libre -en particular en zonas rurales-, o que practiquen deportes como ciclismo o running, o que sepan que tendrán ahí una estancia prolongada y sin acceso rápido a la atención médica, deben tomar mayores precauciones. Y ni hablar de los que, por trabajo, se enfrentan a las denominadas "ocupaciones de alto riesgo", como los casos de los que pueden tener contacto con murciélagos, animales carnívoros y otros mamíferos en lugares donde la rabia es activa.
Louis Pasteur
Una vacuna inventada casi por accidente
La historia dice que el químico francés Louis Pasteur hacía experimentos con pollos para atacar a la bacteria que causaba el cólera aviar. Un descuido de su ayudante terminó dándole a Pasteur una idea que luego comenzó a practicar con otras bacterias. En el caso de la rabia, probaba con conejos y, cuando estos morían, secaba su tejido nervioso para debilitar lo que hoy se conoce como un virus. En una ocasión, un niño fue mordido por un perro y contagiado con rabia, lo cual era mortal. Pasteur no podía hacer mucho porque no era médico, pero -avalado por colegas- decidió igual inocular al niño con su vacuna y esta tuvo efectos notables: el muchacho se recuperó y no desarrolló la enfermedad.