Neuquén.- El escenario calmo, que para el rubro comercial es el menos deseable, se puede encontrar en sectores cercanos a los más concurridos, a los que se llega tranquilamente caminando.
Por ejemplo, unos metros más al sur de la Séptima Bajada, donde la costa dibuja una punta que se interna en el mar, una acumulación de rocas es el lugar ideal para tomar sol lejos de los ojos indiscretos. Suele ser el lugar favorito de chicas que pretenden dorarse aquellas partes del cuerpo que cubren los trajes de baño o que no se atreven a despojarse delante de la muchedumbre.
Sólo pasarán por allí los entusiastas de las caminatas que van o vienen de Piedras Coloradas, otro lugar de ensueño a visitar, o se encontrarán con aficionados a la pesca deportiva que eligen esa ubicación para realizar sus lances.
Lugares
Otro sitio agradable por su placidez es el que se encuentra entre la Primera Bajada y la Cero. Sólo se debe dar como condición excluyente la bajamar, cuando se descubre la restinga y aparece una playita de arenas finísimas entre rocas diseminadas aquí y allá. Son superficies naturales que la gente utiliza para depositar sus pertenencias, entregarse al sol o como mesa para acomodar los alimentos.
Contra las piedras suelen perdurar pequeñas lagunas donde pueden juguetear los más pequeños. Los más grandecitos pueden trepar hacia la explanada natural, donde se encuentra uno de los piletones excavados años atrás con topadoras y que se han convertido en otro de los atractivos peculiares que le ofrece a los turistas el balneario grutense.
Tanto aquí como en cercanías de la Séptima Bajada se puede disfrutar del silencio, sólo interrumpido por el choque de las olas y el paso de alguna gaviota. En algún momento podrá aparecer uno que otro vendedor ambulante, pero hasta parecen no querer desentonar con el marco sereno y ofrecen sus productos con gritos más atenuados.