{# #} {# #}
Catalina Arca
arcac@lmneuquen.com.ar
Neuquén.- La pasión por las rutas y las dos ruedas también tiene cara de mujer. Contra los prejuicios, las motoqueras del Alto Valle se abren camino y comienzan a conquistar los espacios que culturalmente estaban dominados por los hombres. Son madres, esposas, abuelas, trabajadoras -o todo eso junto- y también amantes de la adrenalina que provoca subirse a la moto para recorrer las rutas, generar nuevos vínculos o ayudar en una causa benéfica.
Porque la vida motoquera es el cúmulo de todos esos sentimientos, aunque también genera lazos de hermandad entre sus integrantes. Así lo demostraron las motoqueras valletanas, que ayer se reunieron para celebrar su día (ver aparte).
“Queremos mostrar que no importa el tamaño de las motos, ni la edad que tenemos. Lo único que importa es nuestra pasión por las motos”, contó Patricia, alias “la teacher motoquera”.
Muchas comenzaron siendo copilotas de algún motoquero y dejaron de serlo cuando se dieron cuenta de que “les faltaba algo”. Entonces decidieron romper con los estereotipos, se calzaron el casco, encendieron la moto y salieron a pilotear las rutas nacionales y un par internacionales.
Algunas tuvieron objeciones familiares y otras encontraron el apoyo inmediato cuando dieron a conocer su decisión de pilotear una moto. Confiesan que no es fácil encontrar un compañero que entienda el amor por la ruta y cuando comienzan las restricciones, la balanza siempre cae para el lado de las dos ruedas.
“Me decían que estaba loca, que me ponga en mi lugar”, confesó Mirian, una de las integrantes de la agrupación Rouge, cuando le contó a su familia que sentía una gran pasión por las motos.
El miedo por los “peligros” en la ruta o la famosa frase “no podés” también fueron comentarios que escucharon al contar sobre su vida motoquera, aunque sólo generaron en ellas mayor motivación ya que sienten que es un “desafío de la vida” eso de ir arriba de una moto.
Abrirse camino dentro del mundo motoquero de los hombres tampoco fue sencillo, y aseguraron que la integración costó pero fue posible, pese a que en algunas agrupaciones del país la mujer tiene prohibido subirse a la moto.
Por otro lado, las motoqueras también tienen que luchar contra las inclemencias climáticas que se puedan encontrar sobre la ruta, aunque manifiestan que el viento es el peor enemigo ya que te puede desequilibrar del camino.
La lluvia y el frío tampoco son sus aliados, pero son situaciones que se pueden manejar de otra manera: con más abrigo o algún impermeable, el viaje puede seguir.
La solidaridad es otra cualidad que se encuentra en las rutas, porque pase lo que pase siempre habrá alguien para dar una mano, al igual que alojamiento y comida.
Por otro lado, las caravanas benéficas también son parte de la cultura motoquera, donde las agrupaciones organizan colectas que luego reparten en los lugares que lo necesitan.
“Son situaciones que te abren el corazón y te movilizan porque descubrís nuevas historias”, dijo Ruth, otra de las integrantes de Rouge.
Mayo, el mes de los festejos
Cada fin de semana de mayo, las mujeres motoqueras de todo el mundo celebran con la intención de visibilizar su estilo de vida y sumar nuevas apasionadas a la actividad. En la región, las motoqueras de diferentes agrupaciones del valle e independientes se reunieron este fin de semana en la Plaza de la Banderas y encendieron los motores con destino al lago Pellegrini para pasar el día.