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Neuquén. Son épocas difíciles para los comerciantes, y los panaderos de la ciudad no están exentos de esta situación. Es que con la recesión de los últimos meses y el constante incremento de los insumos y servicios, tienen que congelar los precios para mantener el negocio a flote.
Se estima que a nivel nacional se cerraron unas mil panaderías, lo que dejó a aproximadamente unas 10 mil personas en la calle. Si bien en la ciudad no hay datos precisos sobre la cantidad de negocios del rubro que cerraron en el último año, los comerciantes indicaron a este medio que las ventas han bajado. “Es normal que en el verano la gente compre menos. En cambio, en invierno se vende muy bien”, comentó Liliana, una trabajadora de la actividad de la calle Roca. A pesar de que reconocen que el “bajón” de la temporada es común, señalaron que los incesantes aumentos de los insumos y de los servicios los empujan a congelar los precios para mantener la clientela.
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Es que ante inflación, los consumidores se ajustan y sólo se inclinan por comprar los productos de primera necesidad. Es por eso que adoptaron esta estrategia para evitar que las ventas caigan aún más. Eligen achicar su margen de ganancia para mantener el negocio vivo. A este panorama complicado hay que sumarle que cada panadería tiene entre diez y doce empleados, lo que hace que con las actualizaciones de los salarios y las cargas sociales también se encuentren frente a un problema.
En tanto, algunos comerciantes aseguraron que hay meses en los que a duras penas pueden cubrir los gastos básicos del negocio. “De acá comen doce familias, no podemos dejar de producir”, confió un panadero del microcentro.
Muchos, con venta clandestina
Debido a la crisis, muchos panaderos pasaron a la clandestinidad. Ya no tienen más la venta al mostrador y dejan de pagar impuestos, se enganchan en la luz o no tienen empleados registrados, y terminan siendo competencia desleal.
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