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POR LAURA BISTAGNINO - Especial
La última vez que pisó la pista del “Bailando” fue hace cinco años y se fue con los ligamentos cruzados rotos: desde entonces, está en rehabilitación crónica –porque después se rompió los de la otra pierna- y ya no pudo volver a bailar. Ahora regresó como parte del jurado del BAR junto con Aníbal Pachano y Flavio Mendoza, una tríada muy exigente y con trayectoria para bancarse ese lugar: “Me llamaron y decidí volver. Fueron diez años en los que estuve como jurado y participante, hasta que tuve esa desgracia y, bueno, fue muy difícil. Imaginate que tuve una depresión terrible, porque nada volvió a ser lo mismo. Estoy aprendiendo a vivir sin bailar, hago de todo, le pongo onda, pero no es lo mismo para mí. Nada es igual a bailar”, dice Laura Fidalgo, que además de sus escuelas de danza pone la energía en producir, actuar y está conduciendo Cualquiera puede bailar por Net TV y KZO, que en agosto irá por la tercera temporada.
No te habías ido del todo bien después de aquello, ¿por qué volviste al programa?
Decidí volver porque con todo lo que viví ahí, para mí fue una etapa y un lugar importante, tengo amigos y colegas a los que quiero. Y como no me fui bien, me pareció copado poder volver desde un lugar distinto: más adulta y madurando un montón de otras cosas. Y además sabemos que esta pantalla la ve el país y que esa popularidad no te la da ningún otro programa y te proyecta todo lo que hacés. Eso es innegable: yo bailé en muchos países y en todo el país, pero la popularidad me la dio Marcelo (Tinelli).
La popularidad también es exposición… ¿Cómo te llevás con eso?
Obvio, no soy tonta. Y sé perfecto de qué se trata el juego. Pero la verdad es que no estoy jugando para armar polémicas y si hay algo que creo que necesitamos es terminar con las grietas y peleas. A mí me interesa usar la fama y la popularidad para cosas buenas. ¿Qué sentido tiene todo esto si no? Para mí es así
¿Cuando te convocaron sabías que iba a estar Mora Godoy?
No, no, ni me dijeron ni yo pregunté. A mí cuando me llaman par aun trabajo, si me gusta y me cierra todo, no ando preguntando. Me convocaron para ser jurado de un concurso de baile y acepté. Más allá de quién baile.
¿Existe esa enemistad que se planteó en el programa?
No, no hay nada personal. Se plantea así porque el programa tiene eso siempre, se sabe, pero para mí todos los bailarines y bailarinas son iguales. Nosotras nunca nos cruzamos ni trabajamos juntas. Nos conocimos en el último ‘Bailando’ en el que estuve, las dos como bailarinas, y nada más. Y es como en la vida: hay gente con la que vibrás parecido y otra que no. Con la que tenés química, y otra que no. No es una persona que me genera interés en profundizar, pero tampoco tenemos ni tuvimos un problema personal.
¿Te quedaste enojada después de la pelea?
No, no, no me quedo enojada. Pero como no soy estratega, me toma por sorpresa y soy pasional y respondo como puedo.Yo soy muy pasional en todo y bueno, la pasión no se maneja. Cuando bailaba me decían: “Regulá, que tenés tres funciones”. Y no, no puedo regular nada. Igual no esperaba que tomara la dimensión que tomó.
¿Cómo se llevan en el BAR? ¿Se bancan?
Sí, nos llevamos increíble y nos divertimos mucho cuando estamos relajados. Vinieron los dos a comer a casa y tenemos un grupo de Whatsapp. Y les digo: ¿por qué no podemos llevar esto al BAR? Pero claro, después estás ahí y vienen los misiles. Y te ponés tenso. Cada programa es como un partido: ahí estoy como en una función, tengo que hacer lo que tengo que hacer. Soy muy exigente y capaz no disfruto tanto en el momento. Después llego a casa y bajo. Y bueno, analizo las jugadas para volver a salir a la cancha mejor. Y ya está… Lo importante es afuera, lo que hacés afuera de ahí.
¿Qué querés decir?
Para mí lo importante de esto es otra cosa: creo que la fama no sirve para nada si no la usás para algo bueno, que este medio tiene que ser utilizado bien: siempre que bailé cumplí el sueño, aunque no haya ganado. Esto tiene que tener una misión. Eso les digo a los participantes: si estás acá y aprovechás esto, úsalo bien, cumplí el sueño. Yo me fijo en eso: cómo se portan cuando se apaga la luz, si saludan a todos cuando llegan, cómo se manejan fuera de cámara. Siempre me fijo en el de atrás. Si vos querés conocer a alguien vayas a preguntarle a las personas que laburan con ellos, no los que están en la tele o en el escenario: al boletero del teatro, al de mantenimiento, a la gente que trabaja.
Desde la época del corte de pollera a hoy, ¿lo ves cambiado a Tinelli?
Y sí, es un cambio de época, como nosotras nos empoderamos y los hombres se tienen que ubicar. En su momento fui la única que no se dejó cortar la pollera y siempre me planté en mis valores, que son los que me enseñó mi viejo. Que es que puedo hacer lo que quiero, que puedo igual que los hombres y que merezco todo igual. Y entonces quiero todo igual: que nos paguen lo mismo, que haya igual cantidad de mujeres y de varones en todos lados, que podamos hacer lo que queramos.
¿Vas a traer la escuela a Neuquén?
Estoy trabajando en eso. Quiero ampliar las franquicias: ahora tengo en Corrientes y en Buenos Aires, pero quiero llevarla a todo el país, hay tanto talento que no se descubre porque por ahí no todos tienen acceso a lugares donde formarse y poder hacer lo que los apasiona. Y Neuquén me encantaría, porque amo Neuquén, yo crecí allá hasta los 5 años y amo ir.