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Mirar la vida con optimismo, con alegría y con colores bonitos eso es carnaval. Eso es la verdadera vida. La que inspira a continuar “bailando” a pesar de todas las adversidades. La que no distingue edades. Todos son iguales en esa línea de alegría, diversión y felicidad. Mirar la vida con ojos de carnaval es no detenerse nunca, es ir mejorando día tras día, es llenarse de alegría y contagiarla a todos los demás.
Es un estilo y es una forma de vida. Es lo que vive y siente Laura Gabriela Reyes, una zapalina de 27 años que ya a sus 8 había entrado al mágico mundo del carnaval de la mano de sus padres Alicia Gómez y David Reyes. A esa edad vistió sus primeros brillos y tiró sus primeros pasos en el corsódromo de la fiesta de la ciudad que hoy ya se ha convertido en el carnaval más grande y convocante de la Patagonia. “Para mí el Carnaval ya es un estilo de vida, por eso durante el año busco capacitarme para poder llegar bien preparada a febrero del año próximo, porque en este ambiente nunca se deja de aprender”, contó Laura.
Laura quien es hoy considerada una de las exponentes y referentes del carnaval zapalino hizo su primera presentación siendo niña como integrante de la comparsa Alma del Viento del barrio Don Bosco y dirigida por la reconocida familia Giménez. “Ese año fue muy lindo y recuerdo con gratitud que participamos en el corso de la ciudad de Zapala y en el carnaval del Pehuén en Junín de los Andes”, señaló.
Luego de participar en algunas ediciones más del corso de Zapala hizo un parate hasta los 15 años cuando retoma el baile en la misma comparsa. Allí estuvo hasta sus 18 años. Ya en el 2014 eligió no participar por estar cursando el embarazo de su primer hijo, Gonzalo. Ya en el 2015 vuelve al ruedo en nuevo elenco. Comenzó a ser parte de la comparsa El Ceibo del barrio René Favaloro hasta la actualidad. “Gracias a las comparsas tuve la suerte de conocer varios lugares de la provincia como Junín de los Andes, Cutral Co, Loncopue, Las Lajas Centenario Plottier y Senillosa entre otras”, comentó.
Su elegancia y plasticidad en el baile de los corsos no solo es reconocido en Zapala sino que ya ha trascendido las fronteras locales. “En el año 2020 participé como invitada de la comparsa Xiomara de Junín de los Andes y bailé también para la Escuela de Samba Corazón Batuqueiro de la ciudad de Neuquén y en paralelo bailaba en mi comparsa El Ceibo”, relató.
Contó que en la presente edición del carnaval zapalino al no participar su comparsa nuevamente fue invitada por la comparsa juninense Xiomara y a nivel local ofició como bailarina de la comparsa O´Samba también de la ciudad lacustre.
“En estos 11 años de carnaval he progresado no solamente en el baile sino en la confección de trajes. Uno va aprendiendo y progresando a través de los años. Es algo que amo hacer y que tengo pensado hacer por el resto de mi vida”, enfatizó Laura.
También agregó que desde el año 2019 tiene el honor que la acompañe en esta pasión carnavalera su hijo Gonzalo de 7 años. “El toca tamboril y ya van a hacer tres carnavales que está conmigo participando de las comparsas. Para mí es muy lindo tenerlo porque rompe con los prejuicios que tiene la sociedad de que por ser mamá ya no podés o no debés bailar”.
Actualmente trabaja en educación en el nivel medio como Profesora de Contabilidad en Zapala y además es estudiante del profesorado en Ciencias Económicas y Contador Público en la UNCO.
Confecciona sus trajes
Ratificando su postura de que el carnaval es danza y es cultura brasilera, Laura reconoció que cada actividad que realiza en el ámbito carnavalero las hace y las toma con mucho respeto. En referencia a los vistosos trajes que luce en cada presentación dijo que “mis trajes requieren mucho esfuerzo no solo económico sino que también llevan mucho tiempo de confección para que puedan quedar bien y prolijos”. Los materiales los trae de Buenos Aires y Corrientes.
“Mis trajes los hago yo sola. Mi papá me ayuda con el tema de los espaldares, porque están hechos en hierro, por lo tanto van soldados. Así que las estructuras las arma mi papá y después yo me encargo de pegar las plumas y demás. El resto de los trajes me los armo yo, los dibujo en un papel, los diseño y después los llevo a tamaño real. Cada año me armo un traje distinto, con un color distinto, tengo la casa llena de plumas y trajes”, indicó.
Dijo además que una de sus referentes y profesoras ha sido Emilce Parga, una bailarina de Gualeguaychu, la cual tiene una trayectoria inmensa. “Con ella pude tomar clases gracias a la virtualidad en la pandemia y en 2021 la pude conocer personalmente en Cutral Co. Es una de las grandes profesionales de la Samba en Argentina”, mencionó Laura.
“El corso zapalino significa alegría, pasión y amor, un amor que se siente a flor de piel en cada presentación. Como bailarina de carnavales con una trayectoria de 11 años, busco mejorar año a año para mostrar algo distinto, algo delicado en cuanto al diseño y confección de trajes, algo que pueda agradar al público”, dijo Laura Reyes.
El carnaval es para todos
Por último Laura hizo una invitación extensiva a todo el mundo. “Con todo esto aprovecho a incentivar y a decirle a la gente que tienen ganas de participar que lo pueden hacer porque el carnaval no tiene límites de edad. No existen medidas perfectas o estereotipos de belleza porque cualquier persona que quiere y puede bailar lo puede hacer”.
Agregó que “quiero agradecerle al público, no solo de la ciudad de Zapala sino que a toda la provincia que nos recibe con tanto cariño, con tanto amor, con tanta alegría, porque para un bailarín no hay mejor premio que el aplauso de la gente. En mi caso no necesito más reconocimiento que el de la gente cuando me aplaude, cuando me felicitan por como bailé o por mis trajes. Eso es impagable”, finalizó.