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Paula Bistagnino
ESPECIAL
Debutó en teatro en 1989, cuando tenía 20 años, y a los 21 le llegó el papel protagónico de una de las películas más taquilleras y recordadas del cine nacional: Tango feroz: la leyenda de Tanguito, junto a Cecilia Dopazo. Desde entonces no dejó de trabajar. Actuó en otro film ícono como fue Caballos salvajes -entre muchos otros- y en televisión hizo La banda del Golden Rocket, Chiquititas, Verano del 98, Rebelde way, Culpables, Socias, Para vestir santos, Viudas e hijos del Rock & Roll y más.
Entre tiras, teatro y cine, fue guionista y ahora, mientras disfruta de su personaje de soltero empedernido en Loco x vos, está terminando su primera película como director. Se llama El peso de la ley, con la que se mete en los vericuetos de la (in)justicia argentina con una mirada política. Está protagonizada por Paola Barrientos, Darío Grandinetti y María Onetto.
¿Por qué meterte con la justicia?
Fue un amigo, que es abogado desde hace 20 años y es el guionista, el que me trajo la idea. Basada en un expediente sobre el que él hizo su tesis cuando se recibió. Es un caso muy simple pero en el cual se ve el funcionamiento de la justicia, de la familia judicial, de la vocación que se va perdiendo en el terreno, de las personas que uno admiraba y luego ve que en la realidad ya no son.
¿Eso pasa un poco en todos los ámbitos en general con el paso de los años?
Sí, les pasa a los abogados, pero también a los médicos. Y también nos pasa a los actores. Yo soy un tipo que en general siente mucha esperanza. Y por eso hice esta peli, sobre este tema, porque está en juego eso que es un poco universal: la vocación y los valores con lo que uno hace. Nunca me cansé de la profesión, pero sí fui buscándole nuevas vueltas en distintos momentos y entonces me puse a escribir guion y ahora terminé dirigiendo. Porque no bajé los brazos.
¿Y sobre las utopías de la juventud sos un decepcionado?
En términos políticos, el kirchnerismo me devolvió la sensación de que algunas cosas que en los 90 nos parecían absolutamente imposibles se hicieron. Y ahora, mientras vemos que se desarman, me parecen todavía más valiosas. Pero incluso hoy, con un gobierno con el que no estoy para nada de acuerdo, es cuando uno tiene que tener las convicciones más fuertes. Así que no soy un decepcionado.
¿Te molesta cuando se cuestiona la participación política de los actores?
Yo soy actor, pero también, antes, soy ciudadano. Y tengo derecho a participar y a expresarme. Más que eso: siento la necesidad de hacerlo y de alguna manera también creo que es mi obligación. Me parece una crítica absurda, de quienes no están interesados en que haya participación política y debate en la sociedad.
¿Cuáles son los momentos de la profesión que te acercan más al joven con vocación de actor?
Es una profesión que varía mucho, por suerte, y eso hace que uno no se aburra. Loco x vos justamente es una propuesta de esas que te sacuden un poquito porque proponen un formato nuevo y, en mi caso, un personaje que no es el que suelen darme: soy un “putañero” y soltero empedernido al que se le casa el amigo… Y el humor siempre tiene algo desafiante y atractivo, porque es difícil.
Nada que ver con tu vida real…
No, yo soy un casado con tres hijos y los dos más chiquitos ¡mellizos! Así que está bueno jugar este personaje tan distinto a la vida real de uno (se ríe). Soy familiero, me gusta estar en casa, con los chicos. Un embole.
¿Seguís teniéndole amor a Tango feroz o terminaste odiándola?
Nunca lo odié por un montón de razones. En primer lugar, porque para mí fue una definición vocacional. Yo ya estaba trabajando de actor pero estaba estudiando Bellas Artes. Y fue en ese rodaje en el que me di cuenta de que me fascinaba actuar y, además, el cine. Y por otro lado, me ha dado de todo. A lo sumo, por momentos, siento que debe ser la gente la que está agotada de escuchar las mismas cosas. Pero para mí es una película muy querida y de la que me siento muy orgulloso.
¿Y cómo te ves ahí?
No me reconozco. Me pasó cuando se remasterizó ahora hace poco, que me vi y sentí que yo mismo podía ser mi hijo. Casi que me di compasión: ¡era muy chico! Me acuerdo de que sentía mucha presión entonces protagonizar una película y que no sé ni cómo hice eso a los 21 años.
Como actor, director y productor, ¿cómo ves y cuáles son las expectativas de la industria?
Como director aún soy nuevo, pero como actor creo que es hora de luchar para que al fin haya una mayor cuota de pantalla para el cine argentino. Y lo digo como espectador: si vos vas al cine y no tenés nada para ver, terminás viendo cualquier cosa. Y mucha gente va queriendo ver algo distinto, pero si toda la oferta es de cine norteamericano, terminan viendo eso. Es una lástima porque el cine argentino es bueno y por eso es reconocido en el mundo. Tiene variedad de temas, de propuestas, de públicos, de todo. Creo que el teatro es lo más difícil con la crisis, porque es lo primero que se recorta.