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El argentino viajó junto a su familia en un vuelo privado y después de una hora de viaje arribo a la pequeña terminal aérea, donde una multitud lo esperaba para recibir al nuevo ídolo.
Si todo sale bien, el rosarino se sumará en las próximas horas al equipo que conduce Mauricio Pochettino. Tanto en Barcelona como en París, la expectativa crecía con el correr de las horas y las diversas confirmaciones del acuerdo, que será hasta junio de 2023, con posibilidad de extenderlo una temporada más, y tendrá como remuneración unos 35 millones de euros anuales.
Poco antes de las 8:30 (hora argentina), Messi, su esposa Antonela Roccuzzo y sus hijos Thiago, Mateo y Ciro arribaron al aeropuerto catalán para subirse al avión privado que lo llevará a la capital francesa. Poco antes había llegado su papá Jorge, quien cargó duramente contra la dirigencia del Barcelona.
Sobre la calle de la mansión que Messi tiene en las afueras de Barcelona, en el barrio de Castelldefels, fanáticos del conjunto culé y del futbolista esperaron por su salida, para intentar saludarlo. Hasta allí, cerca del mediodía español, había llegado el delantero uruguayo y gran amigo Luis Suárez, junto a su familia, para despedirse antes de la partida que era inminente, ya que lo único que restaba resolver eran algunas cláusulas en el futuro contrato con el PSG.
Este martes por la mañana, además, en el estadio Camp Nou se quitaron las fotografías de la "Pulga" rosarina que ilustraban los laterales de los ingresos, lo que terminó de enterrar esos rumores que surgieron a última hora del lunes, respecto de un posible último intento del Barcelona por retener al máximo ídolo de su historia.