Estados Unidos
En marzo de este año, Scott Kelly, un astronauta estadounidense y aviador naval, regresó a la Tierra después de pasar un año en la Estación Espacial Internacional (EEI) junto al astronauta ruso Mikhail Kornienko. No era su primera vez en el espacio, porque había hecho otra misión en la que estuvo en la estación durante 159 días. Sin embargo, esta vez notó cambios trascendentales en su cuerpo.
“Estoy sorprendido de cuán distinto me siento físicamente, en comparación con la primera misión que hice”, confesó en una rueda de prensa pocos días después de regresar. La particularidad de su misión es que su hermano mellizo Mark Kelly se quedó en Tierra para comprobar el impacto psicológico y fisiológico que un viaje de larga duración en el espacio tiene sobre el cuerpo.
Los estudios están todavía en proceso y se calcula que recién en los próximos seis años se sabrán los resultados completos. Sin embargo, el astronauta ya pudo notar algunos efectos del espacio en su cuerpo. Los primeros días después de su regreso fue cuatro centímetros más alto, perdió masa muscular y densidad ósea, perdió volumen sanguíneo y, lo más preocupante, su campo de visión decayó.
Este punto es alarmante, ya que últimamente se registró que muchos de los astronautas que regresan a la Tierra después de misiones de larga duración en el espacio sufren de una grave pérdida de visión que no siempre mejora. Ahora, después de años de especulación y estudio, un grupo de investigadores cree que finalmente ha descubierto la causa: el líquido que fluye alrededor del cerebro se acomoda en lugares que no debería, apretando los globos oculares hasta aplanarlos permanentemente.
Esta condición se llama presión intracraneal de deterioro visual y afecta a casi dos tercios de los astronautas que han pasado largos períodos a bordo de la Estación Espacial Internacional. La NASA identificó por primera vez el misterioso síndrome en 2005, cuando la visión del astronauta John Phillips pasó de 20/20 a 20/100 después de seis meses en órbita. Los exámenes físicos extensos revelaron que la parte posterior de los globos oculares de Phillips se habían vuelto de alguna manera más planas y habían inflamado el nervio óptico.
Los médicos de la NASA sabían que algo estaba aumentando la presión de los ojos de los astronautas, pero no podían determinar la causa. La teoría principal era que el problema de visión estaba conectado a la redistribución de fluidos vasculares en microgravedad. Ahora encontraron algo.
Las necesidades en el espacio
Beben su propia orina
Durante las largas estadías en el espacio, los astronautas transforman su orina y su sudor en agua potable. A través de un sistema, beben los líquidos que su propio cuerpo expulsa.
Reciclar la materia fecal
La NASA está estudiando cómo reciclar la materia fecal de los astronautas para también poder aprovecharla. Por ahora, sólo la aspiran y la separan.
Concurso especial-espacial
La NASA lanzó Herox, un concurso para encontrar el mejor invento que solucione el “problema de la caca espacial“. El que invente un sistema para tal disyuntiva podría ganar hasta 30.000 dólares si su idea es una de las tres mejores.