{# #} {# #}
Ana Laura Calducci
calduccia@lmneuquen.com.ar
NEUQUÉN
Afuera se ve sólo un galpón oscuro. Adentro, unas 15 personas con cascos amarillos llevan y traen carretillas sin descanso. Tras casi un año en silencio, la planta recicladora de residuos está en marcha. Hubo inconvenientes al comienzo porque los vecinos no separan la basura y las máquinas se traban, pero los operadores no pierden el entusiasmo. Ya tienen una decena de fardos en un rincón, listos para vender.
La planta de reciclado está dentro del basural que maneja Tecsan (el nombre Cliba no se ve por ningún lado). A mediados de mayo, el Municipio la entregó en comodato a la cooperativa La Colonia, conformada por personas que hasta hace poco vivían de revolver los desperdicios.
La cooperativa tiene 60 socios pero empezaron a trabajar unos 15, mientras los demás se organizan. Es que fueron tantos meses de espera que más de uno aceptó alguna changa y la inauguración lo tomó por sorpresa.
La mayoría vive en la colonia Nueva Esperanza, de ahí tomaron el nombre. Como no tienen vehículos, se juntan en una esquina del barrio a las 7:15 y suben caminando juntos hasta la planta. El turno empieza a las 8 y termina a las 16.
Al llegar, los está esperando uno de los camiones nocturnos con la primera carga. Trabajan sin descanso y sólo hacen un par de pausas para tomar mate. A un lado tienen la pava y banquitos improvisados. Por ahora no llevan comida ni tienen un espacio para el almuerzo.
El primer día fue accidentado. Ocurrió que la cinta transportadora y las máquinas están diseñadas para residuos secos, porque se suponía que los vecinos iban a cumplir con la separación, pero las bolsas llegan mezcladas. El viernes, los rodillos se trabaron porque alguien había puesto arena y hojas entre los desechos.
“Nos obligan a trabajar manual como cuando estábamos arriba, y perdemos tiempo porque no hay concientización de la gente”, se quejó Elino Contreras, secretario de la cooperativa.
La mezcla de húmedos y secos también los demora cuando el camión vuelca su contenido, porque están un rato largo tratando de rescatar algo que sirva. La cinta es para un segundo paso, para dividir los reciclables entre plásticos, papel, cartón, latas y tapitas de botellas.
“Nos obligan a trabajar manual como cuando estábamos en el basural, y perdemos tiempo porque no hay concientización de la gente en la clasificación de los residuos domiciliarios”.Elino Contreras. Secretario de la cooperativa La Colonia
A la espera de una guardería
Del primer grupo que arrancó en la planta recicladora, cuatro son mujeres. Ellas también pasaban días enteros metidas en el basural y hoy trabajan a la par de sus compañeros, confiadas en conseguir un sueldo para mantener a sus familias.
Yackie Mellado tiene una nena chiquita, que deja con su mamá mientras está en la planta.
Recordó que les habían prometido una guardería, “pero finalmente no está, aunque quizás es porque recién nos estamos acomodando”.
Contó que el primer día todos sabían lo que tenían que hacer. “Ya estábamos organizados porque hace como seis meses que esperábamos para empezar a trabajar”, comentó la operaria de la planta recicladora.
Ahora llega el desafío de hacer rentable y atractiva la producción
Víctor Bonfiglioli es el tesorero de La Colonia. Sabe que tendrán que negociar bien la venta de los materiales para que el proyecto funcione y está convencido de que, una vez que empiecen a tener ganancias, ser irán sumando los que quedaron recolectando basura de manera individual.
“Queremos agarrar ritmo, tener por lo menos cinco a siete prensas por día, porque cuando los demás vean que esto progresa, van a venir”, afirmó.
Hay cerca de 60 personas que no quisieron pasar a la cooperativa por desconfianza, pero les dejaron las puertas abiertas.
Víctor señaló que falta “trabajar el material más rápido”, porque las bolsas llegan mezcladas y no pueden ingresar una nueva carga hasta que retiran los residuos húmedos de la anterior.
“Por eso pedimos que nos manden más camiones del centro”, comentó.
Explicó que en los hipermercados céntricos tienen cada uno su camión recolector y, aunque las empresas tampoco cumplen con la separación, “las bolsas traen mayormente cartón, botellas y material reciclable”.
Esas cargas son las más codiciadas en la planta y también entre los “de arriba”.
Hasta ahora no hubo disputas entre ellos y la idea es seguir así, porque todos se conocen.
“Arriba hay gente que se queda una semana entera o vienen el domingo y están hasta el lunes, con los hijos y con lo que sea”, contó Víctor.
Dijo que los seguirán esperando porque “estar solo en el basural es duro, te duele mucho la espalda y cada tanto de cortás o lastimás con un vidrio”. Por eso, agregó, ninguno de los que está en la planta quiere volver atrás.