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Los desafíos y aventuras de ser superpadres

Cómo es el día a día de una familia que cría a varios hijos a la vez.

Sara Aedo

regionales@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- La puerta de entrada de la casa de Cintia Cáceres (37 años) y Ezequiel Falivene (38) en Plottier se abre de a poco, porque nunca se sabe la pila de juguetes que puede haber del otro lado. La primera escena es la de un corralito que casi parece un monoambiente. Adentro, Paz, Mikeas y Aluhé se divierten con un colorido chiche a pilas que canta una canción con dos o tres acordes. Tienen apenas 11 meses, pero para ellos el día comienza a las siete de la mañana, puntual, con el reclamo de la leche y los brazos de mamá y papá.

De cerca los vigila la mirada atenta de su hermano mayor, Gael, que tiene 6 años y que cada tanto se toma un tiempo para pispear las imágenes de Zootopia, la película que eligió para esta mañana de vacaciones.

La sala de estar está decorada con las tres cunas que forman un pasillo. Del otro lado, está la habitación donde todavía duerme Lucille, de casi 4 años, que según dicen sus papás, tiene el espíritu de un terremoto.

Hasta hoy no contaban con una foto que reuniera a los siete integrantes de la familia, porque el acto de posar requiere de una paciencia que los pequeños todavía no están dispuestos a ejercitar. Sin embargo, el cuadro vivo de este hogar tiene todo menos silencio, quietud o solemnidad.

El desafío de criar trillizos es una aventura que por momentos parece un sueño y a la vez es de punta a punta una locura. Así lo definen Cintia y Ezequiel, una pareja que se encontró con la sorpresa de un embarazo múltiple que les cambió la vida.

“Es un trabajo muy pesado, pero hay que vivirlo día a día”, reconocen los padres. No obstante, aseguran que a pesar de lo caótico que puede parecer, tienen la ventaja de que sus hijos se llevan pocos años de diferencia, lo que, esperan, potenciará la complicidad y el compañerismo no sólo de los trillizos, sino de los cinco pequeños.

La pareja llegó al Alto Valle hace tres años buscando todo lo opuesto a lo que puede significar la bulliciosa Buenos Aires, su ciudad de origen. La tranquilidad de Colonia San Francisco, en Plottier, los sedujo y allí comenzaron a planear su futuro. Suponen que la fertilidad de la chacra traspasó las puertas de su hogar, porque al poco tiempo había tres corazones latiendo en el vientre de Cintia.

Según lo recuerdan, el embarazo fue todo lo normal que puede ser una gestación de riesgo. Los trillizos esperaron 32 semanas en el vientre de su mamá y con un peso que no superaba los dos kilos cada uno, decidieron conocer el mundo. Sin embargo, tuvieron que quedarse un mes más en neonatología para ganar peso y mejorar su salud.

El acompañamiento de amigos y familiares fue y sigue siendo un elemento clave para Cintia y Ezequiel. Mientras parte del plantel estaba en la clínica, los dos niños más grandes tenían que hacer una vida normal y siempre había alguien dispuesto a colaborar. “Aprendés a pedir ayuda, no podés hacerlo solo”, confiesa Cintia.

Para la pareja, la vida cambió en todos los sentidos posibles. Es en un hogar lleno de juguetes, risas y llantos donde hoy eligen vivir y aseguran que volverían a elegirlo. Por eso, la osadía de la familia múltiple es un desafío que reciben como un guiño y una sonrisa de la vida.

“Tuve un pico de estrés, entre el trabajo, los chicos y las deudas. Después decidimos con Cintia tomarnos las cosas con más calma”.Ezequiel Falivene. Papá de los trillizos. Paz, Mikeas y Aluhé

“Gastamos $10 mil por mes en leche”

Con el nacimiento de los trillizos Paz, Mikeas y Aluhé, la economía de los Falivene-Cáceres comenzó una secuencia de malabares con un final incierto.

Leche, pañales y ropa, entre otros, se convierten en temas que necesitan de una atención diaria. Olvidar uno de ellos puede desatar el Apocalipsis.

Apenas conocida la noticia del embarazo múltiple, familiares y amigos de la pareja comenzaron una cruzada para proveerles lo indispensable.

Desde Buenos Aires comenzaron a llegar cajas de ropa y artículos para bebé e incluso los más cercanos colaboraron con el pago de servicios.

Los compañeros del Aeropuerto de Neuquén, donde trabaja Ezequiel, y las colegas del jardín de infantes donde Cintia es maestra jardinera organizaron una rifa para comprar una importante cantidad de pañales y leche, antes del parto, que se concretó hace once meses.

Robustos, los trillizos toman una lata de leche maternizada de la mañana a la noche, lo que significa un costo de 350 pesos diarios, por lo que llenar las mamaderas durante un mes le cuesta a esta familia más de 10 mil pesos.

En algunos casos, las obras sociales cubren este gasto por el plazo de un año. Sin embargo, los padres reconocen que es poco tiempo, respecto de las necesidades de los niños y los bolsillos de los padres.

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