Neuquén > A muchos el nombre de Carlos Rottemberg quizás los transporte directamente a los almuerzos de Mirtha Legrand, ciclo que produjo durante 20 años. Sin embargo, su desembarco en la televisión fue una “casualidad”, porque lo suyo es el teatro y tiene exactamente 39 años y medio de trayectoria para demostrarlo. Reconocido empresario teatral, Rottemberg -quien ha estado detrás de obras que fueron sucesos, como “Made in Lanús”, “Brujas” o “Toc toc- asegura que la figura del productor exitoso es una gran “mentira” montada para el “show business”. Como presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet), y con los números en mano, puede comprobar que el del productor es un oficio riesgoso: está más lleno de fracasos que de éxitos, sólo que nadie habla de ellos.
“En Argentina se estrenan por año cerca de 600 espectáculos en el circuito profesional. Pero nunca son más de 30 o 40 los que son realmente exitosos: lo raro es el éxito, no el fracaso. La ventaja es que los fracasos duran menos”, afirmó el empresario, quien logró construir ocho teatros entre Buenos Aires y Mar del Plata que albergan en total 15 salas.
De visita en la ciudad, en ocasión de la asamblea anual ordinaria de la Aadet que se realizará mañana, Rottemberg descubre los pormenores de una profesión tan incierta como apasionante, a la que llegó movido por una vocación que ya se manifestaba desde chico, y asegura que no hay fórmulas a la hora de apostar, sólo se trata de ser honesto consigo mismo.
En la trayectoria de un productor hay éxitos y fracasos. ¿Cuánto tiene que ver la calidad artística de un espectáculo? ¿Cómo se sabe qué producir?
Ha habido espectáculos que para mi gusto han sido exitosos y no tenían la factura artística y técnica como para que convoquen la cantidad de gente que llevaron y viceversa. Lo mejor es cuando se pueden dar las dos cosas. Sin embargo, no hay reglas en esto. La única, en la Argentina y en el mundo, es que más del 60% de los espectáculos que hacemos son fracasos. No hay más de un veintipico por ciento que podemos decir que ‘salvan los papeles’; y los éxitos, los verdaderos, nunca van a superar los fracasos.
¿Es rentable hoy invertir en cultura?
Es nuestra profesión. Hace 40 años que trabajo y vivo de esto. Es una mezcla de empresa con vocación. El tema es bastante más largo que sólo dinero. Cada uno en su lugar arma su empresa con la misma convicción, y creo que si le preguntaras, por ejemplo, a Guillermo Fedorco que es un productor muy importante en la zona te respondería lo mismo.
O sea que producir tiene algo de irracional...
No tengo dudas, porque es una profesión que va a contramano de la historia. Trabajamos en horarios no habituales, descansamos los días que la gente trabaja y es una especialidad donde la materia prima son los seres humanos. No fabricamos pantalones, nuestra fabricación tiene como materia prima a autores, directores, actores, personas que lo están haciendo en vivo, donde no existe la posibilidad de regrabar una toma. Porque el teatro sigue siendo artesanal desde el sentido que no tiene arreglo. Se aprueba o desaprueba lo que se está viendo desde una butaca, en el mismo momento que ocurre, y en ese se arriesga.
Sostiene que no hay reglas a la hora de producir, pero ¿cuáles son los criterios que priman en su caso particular?
A medida que fui más grande me fui dando cuenta de que sabía menos. Cuando tenía 18 años tenía la impunidad de la juventud, de creer que sabía lo que el público quería ver. Con los años y los golpes de las cosas que no funcionaron aprendí a ser mucho más respetuoso de los gustos del público y fundamentalmente a no creerme que lo sé. En mi caso, digo que he adquirido oficio, pero el oficio no me permite no equivocarme.
¿Y qué es lo que lo guía?
Cuando programo lo hago a partir de la piel, no hay una escuela para esto. Ahora tengo de repente en Buenos Aires un espectáculo que está hace cuatro años que se llama “Toc toc”, o “Le prenom”, o “Parque Lezama”, con (Juan José) Campanella dirigiendo a (Luis) Brandoni y (Eduardo) Blanco; y el otro cree que uno no se equivoca. Pero de los 15 espectáculos que tuve este verano no tuve más que tres o cuatro que funcionaron. Lo que siempre surge es querer entender cómo se programa y yo me enredo en mis mismas palabras al intentar explicarlo. En lo nuestro, cada espectáculo es empezar de nuevo.
Más allá de la función específica de producir una obra, usted ha construido varios teatros. ¿Cuánto tiene que ver eso con la profesión en sí y cuánto con esa pasión que antes mencionaba?
Es una mezcla. Tengo 56 años y cuando tenía 16 soñaba con esto. O sea que vivo con esto desde hace 40. Pero antes aprendía, como podía, a tratar de meter las narices en el mundo del espectáculo. Soy un apasionado de esto, lo disfruto. En los últimos años me dediqué más a la construcción de teatros que a la producción de obras, pero porque soy de los que creen que el puntapié inicial para que haya talento arriba del escenario es principalmente tener salas.
Ha producido televisión, ¿dónde se siente más cómodo?
Solamente acompañé durante 20 años a Mirtha Legrand. Fue justamente por producir una obra de teatro con Mirtha que me tocó, un poco de casualidad, convertirme en su productor. Pero nunca me sentí una persona de televisión.
Sin embargo, eso no lo priva de ser muy crítico de los contenidos que la televisión ofrece. En 2012 publicó una carta de lectores en "La Nación" en la que cuestionaba el mensaje de Marcelo Tinelli y causó gran revuelo.
Eso fue una cosa puntual y tuvo que ver, justamente, con que soy un convencido de que fabricar contenido no es cualquier cosa, sino que conlleva una responsabilidad. Cuando estás editando un diario, haciendo un programa, una obra de teatro o escribiendo un libro, no es lo mismo que fabricar un pulóver; estás tironeado un mensaje de una manera o de otra, y ese mensaje puede ser positivo para una comunidad o negativo. Pero no me estoy refiriendo a la política, sino a cuáles son los mensajes que enaltecen o hacen disminuir la capacidad intelectual de una población, sabiendo que las herramientas culturales que tenemos cada uno son diferentes. Ese momento tuvo que ver con una cosa que se estaba haciendo muy masiva y con un mensaje contradictorio, a partir de lo que llamo "subvertir valores elementales". Me gusta graficarlo contando que hace 40 años atrás se acercaba un papá o una mamá con una chica y me decían: "¿Dónde puede mi hija estudiar teatro?". Hoy, esa mamá, y me pasó, me pregunta: "¿Cómo tiene que hacer mi nena para ser famosa?". En esa pregunta está la respuesta de lo que quiero decir.
Eso que dice aporta una pista a lo que le interesa producir.
En mi caso, a Mar del Plata llevo obras con Cecilia Roth, Julio Chávez, Darío Grandinetti, Thelma Biral, Juan Leyrado, Pepe Soriano, Charo López, el humor de Campi, sin dejar de lado una revista, pero sólo una. A mi empresa le puse Multiteatro porque entiendo que el teatro no tiene que estar perfilado para un solo lado. Pero no quiero olvidarme de la esencia del teatro, y tiene que ver con que no vendemos algo tangible. Entonces, si viene un espectador y no se lleva algo en su corazón, en su cabeza, en un sentimiento, no se lleva nada. Le di un mensaje porque otra cosa no le puedo dar. Si el mensaje está vacío de contenido o es nocivo, yo, si puedo, como ciudadano antes que como empresario, prefiero no darlo.
Federalización
La Asociación Argentina de Empresarios Teatrales es una institución fundada en 1917. Esta entidad sin fines de lucro es la única organización teatral y musical nacional que tiene personería jurídica, gremial y mutual. Sus funciones abarcan desde el ofrecimiento de capacitaciones y participación en paritarias hasta subsidios para productores, además de acciones sociales como por ejemplo la puesta a disposición de entradas para que el público las adquiera a mitad de precio, o la realización de un aporte mensual a la Casa del Teatro.
Según contó Rottemberg, quien lleva tres períodos en la presidencia, "antes era complicado ingresar a la Aadet. Era una entidad muy cerrada, para pocos elegidos. Y las nuevas camadas de empresarios fuimos trabajando con el objetivo de ir abriendo esto a una entidad federal, y realmente entendemos que lo hemos logrado, porque hoy somos más de 130 socios, entre ellos productores zonales a lo largo y ancho de la Argentina”.