buenos aires
Michel Temer, presidente de Brasil, abandonó la residencia presidencial porque sintió la presencia de “malas energías y fantasmas” en el Palacio da Alvorada, edificio declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En el edificio, diseñado por el reconocido y premiado arquitecto Oscar Niemeyer, su esposa tampoco se sintió a gusto. “Sólo Michelzinho (su hijo menor) se sintió bien. Llegamos a pensar: ¿será que hay fantasmas?”, se preguntó Temer.
Antes de estas declaraciones, sus asesores habían manifestado que no se había adaptado al palacio por sus grandes proporciones (mide 7 km²) y que permanecería en la residencia oficial del vicepresidente de la República, donde vive desde 2011 debido a que ejerció ese cargo en el gobierno de Dilma Rousseff. Luego de que Rousseff abandonara la Alvorada tras su destitución, voceros oficiales plantearon que la mudanza de Temer se había postergado porque había que adecuar la estructura para que fuera utilizada por su hijo de siete años.
El tema es que estos dichos de Temer, en una entrevista a la revista Veja, lo convirtieron en blanco de burlas de todo tipo por parte de sus opositores, que no son pocos en estos tiempos revueltos que vive la política de Brasil. “Los fantasmas de la democracia no te dejarán dormir nunca más”, escribió un usuario en Twitter, en alusión a la forma en que Temer llegó al poder el año pasado tras la destitución de la ex presidenta Dilma Rousseff. “Si los fantasmas consiguieron hacer correr a Temer, nosotros también”, señaló otro. Rousseff y sus seguidores acusan al actual presidente de la nación, ex vice de Dilma, de haber apoyado un “golpe de Estado” para hacerse con el poder.
Con 76 años, Temer ya había sido blanco de la ira de muchos brasileños en las redes sociales la semana pasada debido a unos comentarios en los que elogiaba a la mujer por saber de los “precios del supermercado”, con motivo del Día Internacional de la Mujer. No pareció el elogio más significativo, precisamente.
Lo concreto es que luego de esta experiencia traumática, los Temer volvieron a vivir al Palacio do Jaburu, residencia vecina al Palacio da Alvorada cuyas reformas a pedido de Marcela Temer, la esposa del presidente (tiene 33 años y es ex reina de la belleza), habían costado unos 6500 dólares y demorado la mudanza unos cuantos meses.
Además del Palacio da Alvorada, el arquitecto Niemeyer diseñó el Palacio do Jaburu y también la sede oficial de Gobierno en Brasilia, llamada Palacio de Planalto, además del famoso Museo de arte Contemporáneo, que está en Niterroi, frente a Río de Janeiro.
Cuando fue nombrado reemplazante de Dilma, mandó a “retocar” la residencia presidencial: se mudó hace poco y sólo duró 11 días.
“Sentí una cosa extraña ahí. No pude dormir desde la primera noche. La energía no era buena. Hasta nos preguntamos si no había un fantasma”.Michel Temer. En una entrevista publicada por la revista Veja