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Los flamencos deslumbran en San Antonio Oeste

La bandada es una presencia familiar cotidiana que genera admiración.

La ría de San Antonio Oeste, el brazo de mar que inunda periódicamente el norte de la localidad, es hogar de una multiplicidad de aves playeras que le añaden colorido y encanto al paisaje, fascinante por los constantes cambios que produce el comportamiento del mar.

Para admirarlos solo hay que acercarse a algunos de los miradores de la costanera, en proximidades de una empresa pesquera. Suelen estar a pocos metros de distancia y, si no se los molesta, no se retiran.

Gaviotas cocineras, ostreros, playeros patas amarillas, macas, cisnes y flamencos, entre otros, suelen poblar el cauce en busca de alimentos cuando se registra la bajamar y queda un enorme desierto húmedo donde abundan los organismos adecuados para sus dietas.

Los flamencos son los que más deslumbran por su llamativo plumaje de color rosa, su porte de más de un metro, un peculiar comportamiento y, sobre todo, la cantidad de ejemplares que se observan.

Vecinos de la "marea", como se conoce al área costera, afirman que últimamente han adoptado el hábito de acercarse más a la margen sur, donde se encuentra la zona urbana. "Los tengo en el patio de mi casa como un fondo de pantalla", se alegró Judith Sciuú, quien reside con su familia en el sector.

La bióloga Patricia González, integrante de la Fundación Inalafquen, supone que proceden de algún sitio de reproducción, como una laguna cercana a Trelew o de La Pampa, donde construyen sus nidos de barro y crían a sus pichones, para luego buscar otros horizontes. Como la bandada varía en número, sus integrantes pueden pulular entre la salina del Gualicho, la Mar Grande y la playa El Álamo cercana al extremo norte de Las Grutas, donde suelen verse grandes grupos.

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