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Mario Cippitelli
cippitellim@lmneuquen.com.ar
NEUQUÉN
La ropa de gaucho no pasa de moda porque la pilcha es siempre la misma. A lo sumo tendrá alguna guarda con un color distinto, un detalle en la bombacha o el pañuelo o las fajas podrán ser más o menos artesanales.
Antonio y Antonella lo saben. Hace 6 años que venden ropa de campo en un pequeño local ubicado en la calle Fava. El negocio nació por la pasión que los une a la tierra, ya que ambos vienen de familia gaucha, pero se terminó convirtiendo en un sustento y un modo de vida, tan pintoresco como colorido.
La clientela que habitualmente concurre al comercio son hombres de campo, aunque también se han sumado a esta moda hombres urbanos a los que les gusta la tradición y aprovechan la nobleza de estos atuendos para trabajar en su casa o sentirse cómodos en los ratos libres.
“El gaucho se ha modernizado. Ahora es común la faja industrial que viene por metro, antes sólo se vendía la de telar”. Antonio Propietario
En el negocio de ropa, el matrimonio también vende cuchillería, mates, portatermos, artesanías en cuero y todo tipo de productos relacionados con la cultura gauchesca. Pero lo que más se vende son bombachas y alpargatas. Las clásicas, sobrias y sin mayores detalles de decoración y las de vestir, tanto de invierno como de verano. Y en el rubro boinas, las más solicitadas con las “Tolosa”, pero igual se ofrecen las “Euskadi”, en amplia variedad de colores. Acompañan los atuendos los sombreros chilenos, los ponchos y las ruanas, las fajas y las botas de cuero.
Sin vueltas
En cualquier negocio de ropa tradicional es común que los compradores miren, revuelvan y tarden en decidir cuál es el artículo que finalmente se llevarán. Pero con la indumentaria gauchesca no hay muchas vueltas. Los clientes entran y piden tal pilcha con el talle correspondiente y el color. Y ahí se terminó el trámite. Si se quedan un poco más, es para charlar con los dueños. Nada de dudas.
Si bien la clientela se renueva, hay compradores que ya se convirtieron en amigos de Antonio y Antonella y se quedan charlando amenamente cuando ya pagaron lo que buscaban. “Nos sirve como terapia; nos relacionamos mucho con la gente de campo”, reconoce Antonio, quien asegura haber encontrado el modo ideal para ganarse la vida. Es que tanto le gusta la tradición criolla que no hay un fin de semana que no viaje con su esposa a cuanta jineteada, festival o fiesta popular que se realice en cualquier punto de la provincia. En cada rincón de Neuquén, la pareja monta su stand de artesanías y vende sus productos, mientras disfruta un día pleno de campo. Reconoce la pareja que no hay una fiesta que les guste más que otra. “Todas tienen el mismo gusto”, aseguran a dúo.
“La gente que nos compra nos enseña mucho. Eso nos sirve para asesorar a otros clientes”. Antonella Propietaria
Bombachas, alpargatas y boinas son los artículos que más se venden. Por eso la gran mayoría de los clientes son hombres. Para las mujeres sólo hay trajes de baile y algún que otro artículo regional, pero la “boutique” es para los paisanos pura y exclusivamente. Y para los paisanitos también porque hay bombachas, camisas y alpargatas para chicos desde los 5 años.
“A mis hijos ya les gusta la cultura gaucha”, dice orgulloso Antonio. Y cuenta que el más grande ya toca milongas. Cuestión de crianza y de haber mamado de chico el acervo criollo.
La calle Fava es un hervidero de vehículos que pasan ida y vuelta de manera ininterrumpida durante buena parte de la jornada. Una decena de comercios y una estación de servicio terminan de componer un entorno típicamente urbano, tan característico de una gran ciudad.
En el 427 de la calle, un pequeño local escondido y pintado de verde se promociona tímidamente con un cartel que ofrece: “Ropa de gaucho”. Es la boutique del campo, de la cultura paisana que, aunque parezca mentira, también tiene su moda.