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Por Luis Uribe - Especial
Una colonia de lobos marinos, compuesta por al rededor de 120 ejemplares, es otra de las grandes atracciones turísticas que ofrece Puerto San Antonio Este. Hay días, sobre todo los fines de semana, en que el lugar recibe la visita de entre 1.800 y 2.000 personas. Es un número que sorprende, y que se elevó esta temporada, lo que requiere incrementar el acompañamiento permanente de los Guardias Ambientales de la Secretaría de Medio Ambiente provincial.
Los animales se instalan en un sector de la playa de Punta Villarino, a 1500 metros al oeste del muelle donde atracan los barcos que llevan al mundo fruta y jugos del Alto Valle. Acostumbran acercarse a la costa en pleamar, cuando abandonan un banco de arena conocido como Reparo, que se descubre en marea baja.
Por razones de seguridad se deben observar a 150 metros de distancia.
Allí está el refugio y puesto de vigilancia a cargo de Guardias Ambientales cuya misión, además de advertir sobre la imposibilidad de aproximarse a la colonia, es detallar particularidades y comportamientos de la especie.
De todos modos, se puede apreciar con claridad, desde este punto, los movimientos que realizan los mamíferos. Y si resulta dificultoso el avistaje, los custodios facilitan binoculares con los cuales es posible contemplarlos con nitidez.
“Mucha gente desconoce la existencia de la colonia, como también que en pleamar se encuentran en la playa y es el momento para observarlos. Hace falta brindar mayor información a los turistas”, coinciden Amira Mandado y Andrea Velázquez, dos de las guardias ambientales que trabajan en el sector junto con pasantes que estudian el profesorado de Biología y la licenciatura de Biología Marina.
El asentamiento está considerado como no reproductivo. Los que están en edad de aparearse buscan otras colonias donde pueden encontrar pareja, como la de punta Bermeja, cerca de Viedma.