Cada uno de los niños de 18 meses de edad seleccionados para participar en el estudio observó a un adulto usando una herramienta para agarrar un juguete fuera de su alcance. En un grupo, el adulto simplemente jugó con el juguete después de recuperarlo; pero en el otro grupo, el adulto arrojó el juguete inmediatamente al suelo, lo que hizo que la mitad de los niños de ese grupo se rieran.
Cuando Esseily y sus colegas estudiaron los datos, encontraron que los niños que se reían de las travesuras de los adultos eran capaces de repetir la acción por sí mismos con más éxito que aquellos que no se rieron, y también que aquellos que fueron incluidos en el grupo de control sin humor.
Por qué la risa parece estar relacionada con la capacidad de los niños pequeños para aprender no está del todo claro, pero Esseily y su equipo proponen dos posibles explicaciones. La primera se refiere al temperamento.
18 meses tenía el grupo de nenes chiquitos que participó del experimento en Francia.
El temperamento
"En este caso, no es el humor de por sí lo que puede haber facilitado el aprendizaje", sugieren los autores, "sino que temperamentalmente, los bebés más risueños eran más propensos a relacionarse con el entorno y, por tanto, a intentar y tener éxito en la tarea".
También, agregan que "podría darse el caso de que los bebés risueños tengan mayores habilidades sociales o capacidades cognitivas, lo que les permite interactuar más fácilmente con otros y los hace más susceptibles a imitar las acciones de otros".
La segunda explicación se refiere a la química del cerebro. Es sabido que las emociones positivas, como la risa, pueden aumentar los niveles de dopamina en el cerebro, lo que a su vez tiene un efecto positivo en el aprendizaje. "Por lo tanto, el efecto observado aquí podría ser un efecto general debido a la emoción positiva y no al humor o la risa en sí misma", señalan.
Un estudio reciente, realizado por alemanes y estadounidenses, demostró que los niños pequeños que tienen una buena comprensión de sus propias emociones y las de las demás personas sufren menos problemas de atención que aquellos con una comprensión emocional más baja.
La otra cara, los distraídos
Los niños con conocimientos limitados de las emociones a menudo parecen distraídos: su atención está ocupada en explicarse sus estados emocionales confusos, las emociones negativas de los demás y la regulación de sus propias emociones.