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Los payamédicos mudan sus sonrisas a las redes sociales

Comenzaron a diseñar intervenciones virtuales, que buscan proponer canciones, juegos o actividades a través de una videollamada.

Hace más de cuatro meses que las narices naranjas de los payamédicos no se dejan ver por los hospitales de Neuquén. Con la premisa de priorizar el cuidado de la salud, decidieron imprimir toda su alegría en campañas virtuales para motivar nuevos hábitos que reduzcan los contagios de coronavirus, y ya planean llegar con sus juegos, sus canciones y sus sonrisas a las personas internadas a través de las videollamadas.

Los payamédicos llegaron a la provincia en 2006. Al día de hoy, la agrupación ya cuenta con unos 100 integrantes que se formaron en la disciplina, aunque no todos tienen el mismo nivel de actividad. Pamela Martínez, una de sus integrantes, aclaró que no todos son profesionales de la salud. También hay contadores o abogados que hicieron la capacitación de seis meses y una pasantía para llevar sonrisas a los cuartos de hospital.

“El objetivo es contribuir con la salud emocional de las personas hospitalizadas, desdramatizando el ambiente hospitalario y remarcando los aspectos sanos”, detalló la joven sobre el rol de los payamédicos. En su concepción, los internados no son pacientes sino producientes: personas con la capacidad de producir cosas pero que atraviesan un momento de internación por una dolencia específica.

Tras un cuidado proceso de formación, los payamédicos aprenden sobre los protocolos sanitarios de los hospitales y toman clases de teatro y clown. Luego, crean su propio payaso: un personaje con ropa de colores estridentes y una nariz naranja, que se aleja del color de la sangre y se distingue de los payasos tradicionales de los circos. En cada visita al hospital, cargan con su payavalija, un equipaje personalizado en donde cada uno coloca un juego u otros elementos para pintar y divertirse con los pacientes.

Aunque muchos asocien esta actividad con el mundo infantil, lo cierto es que los payamédicos neuquinos trabajan con personas de todas las edades, desde bebés recién nacidos hasta ancianos. Martínez aclaró que los más reticentes a participar son los adultos de mediana edad, así como aquellos que suelen tener miedo de los payasos.

“Hay gente que nos cierra la puerta en la cara y otros que nos reciben de brazos cruzados pero, a medida que avanza nuestra intervención, comienzan a participar y terminan pasando un rato de alegría”, explicó Pamela, que es estudiante de abogacía y hace cuatro años colabora como payamédica. En sus visitas, llevan juegos, canciones, actuaciones y actividades artísticas para que los producientes liberen endorfinas y sobrelleven de mejor modo su internación.

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Desde que comenzó la pandemia, desde la organización decidieron suspender las visitas al hospital Castro Rendón y el Bouquet Roldán, así como el Hogar de las Hermanitas de los Pobres que solían visitar. Mudaron toda su energía al escenario virtual, por lo que iniciaron distintas campañas a través de las redes para promover hábitos saludables para reducir el riesgo de contagios de coronavirus.

Así, lanzaron una canción dedicada al correcto lavado de las manos según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). También animaron al público a confeccionar barbijos con colores alegres, usarlos correctamente y hasta sumar ventanas transparentes para incluir a las personas sordas que necesiten leer los labios.

Para el día del payasol, que busca generar conciencia sobre la donación de órganos, tampoco pudieron salir a repartir soles por la calle. Sin embargo, animaron a sus seguidores a dibujar soles y compartirlos a través de las redes sociales, para llevar un mensaje sobre la importancia de salvar otras vidas a través de las donaciones.

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Para evitar la conglomeración en las salas de los hospitales, los payamédicos decidieron pensar nuevas estrategias para llegar a las personas internadas. Por eso, comenzaron a diseñar intervenciones virtuales, que buscan proponer canciones, juegos o actividades a través de una videollamada. “Necesitamos el apoyo de los profesionales de la salud, pero la idea es llegar a los producientes desde otro lugar”, detalló Martínez.

La tecnología, entonces, podría convertirse en una gran aliada para que sus narices naranjas lleguen otra vez a las salas de los hospitales neuquinos y que todas las personas internadas se contagien del júbilo, la energía y el color que sólo brindan los payamédicos.

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