Es un clásico de la época: muchos se animan a realizar una jugadita con la ilusión de obtener, guiño del destino mediante, el dinero que les falta para vacacionar. "Vienen y luego de apostar te dicen 'ojalá se me dé para irme unos días a pasear'. Es la típica", comenta Daniela, encargada del recinto de Alcorta 317.
La particularidad también se da en los juegos poceados y hasta en el casino. Es decir, los apostadores apelan a esas modalidades de juego (léase Quini, Loto, ruleta) buscando que un golpecito de suerte apuntale el ansiado y hasta ese momento postergado viaje.
Hay más testimonios. Antonio, quien se encontraba en una de las casas de lotería que visitó este diario, sostuvo: "A mí me pasó una vez. No es que gracias al dinero me fui de vacaciones, sino que las salvé ya estando en la playa. ¿Cómo? Claro, fui a Miramar y jugué por teléfono a mi agenciero de confianza dos números para la nocturna. Y salieron los dos, uno en Nacional, otro en la Neuquina. Así que en lugar de venirme el día que correspondía, al final decidimos quedarnos una semanita más. Y todo gracias al 08 y al 33, mis ambos favoritos", recuerda con una sonrisa de oreja a oreja la feliz y simpática anécdota.
La contracara
También, nobleza obliga, existen casos de gente que dilapidó sus futuras vacaciones por el juego, o sea, gastó parte del dinero que tenía destinado para el veraneo por una visita inoportuna al casino, por ejemplo. Un arma de doble filo, ya que cuando se llega con lo justo hay más para perder que para ganar. Todo lo contrario a quienes ya están resignados porque no les alcanza y buscan a través de una pequeña jugada que salga el sol.