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Gracias al delivery, los restaurantes y confiterías de la ciudad se salvaron del cierre definitivo. Tras el golpe que significó dejar de atender en salón, la mayoría se volcó al reparto a domicilio, que viene en aumento debido al frío y a la circulación acotada por número de DNI. Por ahora, lo que recaudan alcanza para seguir en pie, aunque con menos empleados y más deudas.
Los locales gastronómicos llevan casi cuatro meses con las mesas vacías. En junio les permitieron reabrir los salones unos días, con capacidad limitada, y a principios de julio volvieron atrás. Muchos quedaron al borde del cierre, con una recaudación que no llega al tercio de lo que era antes de la pandemia.
Martín Sarlo, propietario de Bouquet de Rêves, comentó que el principal salvavidas en todo este tiempo fue el delivery, que viene en crecimiento a medida que se extiende la cuarentena. Aclaró que la modalidad take away o retiro en local no funcionó porque tuvo muchos vaivenes y contratiempos. "El take away al principio no estuvo habilitado, después fue en un horario, luego lo bajaron a las 20 y ahora, con los documentos pares e impares, la gente no quiere averiguar cómo es, prefiere agarrar el teléfono y que le lleves la comida a su casa", explicó.
Señaló que en su caso, al igual que otros restaurantes chicos, "los espacios son reducidos y sabés que no vas a volver a trabajar como antes, así que el plan más firme es seguir con delivery".
Emanuel, encargado de Casa Tinta, coincidió en que el take away no prendió y el plato fuerte es el delivery. "Los costos que manejás con los repartos no tienen nada que ver con tener un restaurantes, pero sirven para mantenerte activo y seguir cocinando, que es lo que a uno le gusta, porque lo más fácil para cualquiera de nosotros sería cerrar todo e irse a casa", confió. Afirmó que, aunque los contagios de COVID bajen en primavera, "este año está totalmente perdido". "Algunos tuvimos que vender el auto para pagar salarios y no nos vamos a recuperar en un tiempo largo", advirtió.
Para María, encargada de Mi Parrilla, el delivery se convirtió en el único plan posible. "Más adelante, por más que la gente venga con restricciones, no dan los costos ni la capacidad para mantener abierto", indicó. Agregó que ellos, como otros, quedaron con menos empleados y ya no están en condiciones de atender el salón aunque mañana mismo les den permiso.
Aclaró que en la parrilla no hubo despidos, sino renuncias sin reemplazo, pero en casi todos los locales de la ciudad redujeron el personal cuando la demanda se frenó.
Emanuel recalcó que el delivery tampoco fue un milagro que se dio de la noche a la mañana. "Necesitás moverte mucho en redes sociales para vender y todos tuvimos que adaptarnos a algo nuevo, pero es una manera de seguir hasta que podamos volver a algún tipo de apertura", cerró.
Además de adaptarse al aislamiento, en los restaurantes de Neuquén debieron habituarse a un nuevo perfil de cliente. Al cambiar la atención en salón por el delivery, aparecieron más parejas jóvenes con niños y personas mayores con dificultades para moverse, que antes no iban a cenar afuera y ahora se dan el gusto de disfrutar de una noche sin tener que prender el horno.
"La clientela de siempre te sigue a pesar de todo y después, con la cuarentena, aparecieron los clientes nuevos que antes no te conocían o no pensaban en ir a un restaurante o no les interesaba ir a comer afuera", relató Martín Sarlo, de Bouquet de Rêves.