En un soleado día, la tradicional tranquilidad de este pequeño balneario de la costa central chilena fue interrumpida por los gritos de "¡Compañero Pablo Neruda presente, ahora y siempre!", lanzados por un grupo de militantes del Partido Comunista -en el que el poeta militó toda su vida- que acompañaron a distancia la sobria ceremonia. De esta forma, Neruda volvió al lugar donde pidió ser sepultado y hasta donde fue trasladado en 1992, dos años después del retorno a la democracia, saldando una vieja deuda con el poeta que le regaló a Chile un Nobel de Literatura en 1971. "Hoy día para nosotros no es un funeral, es todo lo contrario. Regresar a Isla Negra es volver a mirar el mar", dijo a periodistas Raúl Bulnes, presidente de la Fundación Pablo Neruda.