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Los trabajos desconocidos de Putin, previos a su llegada al poder

En su peor momento económico -justamente por estar desempleado-, llegó a ser chofer de un auto particular y hasta pensó en dar clases de judo.

Con la invasión de Rusia en Ucrania, Vladimir Putin quedó en el centro de la polémica (demonizado en todo mundo), y desde aquel pasado 24 de febrero, se han conocido diferentes aspectos de su vida. En este sentido, en diciembre del 2021, un artículo de El Mundo reveló los diferentes empleos que tuvo el líder del Kremlin, en sus peores momentos -sobre todo económico- luego de la caída de la Unión Soviética y de un fallido paso por la política. Según esa información, el máximo mandatario ruso llegó a ser taxista y pensó en dar clases de judo, dos profesiones muy lejanas a su trabajo como espía.

"A veces tuve que ganar dinero extra", explicó Putin en un documental del Primer Canal, titulado Rusia. Historia reciente-, y siguió diciendo: “Esto significa ganar dinero extra como conductor. No es agradable hablar de esto, para ser honesto, pero desgraciadamente ése fue el caso".

Esta fue la primera vez que Putin admite que trabajó como chófer, ya que en alguna entrevista anterior había confiado que en algún mal momento se lo había planteado.

En este sentido, esto habría ocurrido en la década de los 90, en los cuales el actual presidente de Rusia pasó de ser un integrante de la KGB a un desempleado más.

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Los trabajos de Putin

Justamente, para Putin fue amargo presenciar el progresivo derrumbe del ideal soviético, pese a que sus años de agente en Dresde le habían convencido de que ni Europa ni Alemania estarían mucho tiempo divididas.

Para marzo de 1990 los Putin estaban de vuelta en la URSS tras media década en Alemania Oriental. Volvían a Leningrado (actual San Petersburgo) en medio de una repatriación masiva de agentes de inteligencia llegados desde todos los países del mundo.

"Habían sido derrotados, vencidos y, de hecho, se habían quedado sin trabajo, eran los refugiados desplazados de un imperio desmoronado", detalló el periodista Steven Lee Myers, autor de la biografía de Putin: El nuevo zar.

Según se conoce, durante tres meses, a principios de 1990, Putin ni siquiera cobró su nómina del KGB, la cual finalmente le ofreció un trabajo gris en el Primer Directorio cerca de Moscú, en Yasenevo, pero sin ninguna ayuda de vivienda.

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Fue así que optó por un empleo menor en su universidad de Leningrado, donde sería al mismo tiempo agente encubierto y por lo menos ahorraba dinero viviendo en casa de sus padres. En esa casa de estudios fue que se cruzó en su camino con Anatoli Sobchak, un profesor que llegaría a alcalde de la ciudad y metería a Putin en política.

Sin embargo, esa incursión en la política no terminaría de la mejor manera, cuando años después, siendo ya mano derecha del alcalde, éste perdió las elecciones.

El discreto espía disfrazado de concejal -había logrado mantener ambos trabajos y cobrar los dos sueldos- tuvo que volver a poner sus pertenencias en cajas de cartón y abandonar su céntrico despacho municipal.

Fue 1996 cuando eso ocurrió y Putin pasó de tocar el cielo con una mano a estar otra vez desempleado. Incluso había conocido a Helmut Kohl (figura política clave en Alemania) haciendo de intérprete del alcalde Sobchak en un viaje de éste del país alemán ya reunificado.

Si bien el destronado alcalde trató de buscar un trabajo para su fiel escudero -le decía: "¡Vas a ser embajador!"- eso jamás ocurrió y el futuro presidente ruso se replegó con su familia a una propiedad que había comprado a 100 kilómetros al norte de la vieja capital zarista, en el istmo de Carelia, en un territorio robado a Finlandia durante la guerra.

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Sin bien barajó convertirse en abogado (se graduó en esa carrera previo a ingresar a la KGB), optó por ser chófer. Es que, aparentemente, a Putin le gusta conducir: de joven daba vueltas a Leningrado por la noche para relajarse. Según se conoció: tuvo un flamante zhiguli en buen estado que le inspiraba más confianza que muchas personas.

En el documental añaden que no fue taxista, sino que trabajó con su coche particular, un Volga que compró con lo ahorrado en su empleo en el KGB en Dresde (hasta hace diez años, era habitual en muchas ciudades rusas parar coches particulares para que te lleven a un sitio a cambio de algo de dinero).

Sin embargo, esta no fue la única idea que pasó por la cabeza de Putin. Para ese momento, él habló con un antiguo compañero de judo, Vasili Shestakov, para entrar a trabajar como entrenador en su club. Pese a su entusiasmo por conseguir dinero, su amigo le dijo que eso era poca cosa para él, pero que si no encontraba nada más, lo podía volver a llamar.

Tal como lo contó su ex esposa, estos fueron tiempos más que malos para el actual líder del Kremlin. "No soltaba prenda, pero yo me daba cuenta de todo, lo percibía, lo veía", contó años después Liudmila Putina al periodista Oleg Blotsky, autor de una biografía casi autorizada publicada en 2002, cuando Putin llevaba ya dos años en la presidencia de Rusia.

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Finalmente Putin fue repescado en 1996 por la administración de Boris Yeltsin para trabajar en el Kremlin en un tranquilo puesto de burócrata. A partir de entonces, ascendió rápidamente como funcionario: en 1998 fue nombrado director del Servicio Federal de Seguridad (sucesor del KGB), cargo que ocupó a partir de marzo del año siguiente de forma simultánea con el de secretario del Consejo de Seguridad Nacional.

En agosto, encabezó el Gobierno e inició la segunda guerra chechena, lo que acabó de convertirlo en uno de los políticos más populares de Rusia. Cuando Yeltsin anunció su dimisión el 31 de diciembre de 1999, de acuerdo con la Constitución rusa, Putin se convirtió en presidente interino.

Otra versión

En un documental de 2018, el mismísimo Putin contó una versión diferente de esta parte de su vida, diciendo que temió "tener que conducir un taxi" después de que su mentor Sobchak perdiera la reelección como alcalde de San Petersburgo.

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