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Made in Taiwán: "Para bailar el tango se necesitan dos"

La relación de esa pequeña potencia con Argentina y su resistencia a las presiones del gigante asiático.

Para muchos de nosotros, Asia es todo un mundo inexplorado, distante y lleno de misterios. Incluso, en general nos cuesta distinguir entre un país y otro, sus culturas, sus lenguas, sus religiones... Quizá del mismo modo que a nosotros suelen confundirnos a la distancia con los brasileños, chilenos, uruguayos o peruanos...

De cualquier modo, el ya clásico “Made in Taiwán” que nos sorprende en las etiquetas de infinidad de productos que usamos en la Argentina bien podría ser una primera puerta al mundo lejano de esa isla hermosa, Formosa según los portugueses que la descubrieron, del otro lado del mundo, más precisamente en el Pacífico Occidental, entre Japón y Filipinas. Es que la República de China, tal su verdadero nombre, es mucho más que algunos de esos artículos que llegan a los rincones más recónditos del planeta.

Una semana en Taiwán, como parte de una comitiva de periodistas latinoamericanos, parece suficiente para descubrir que su tradición de hablar siempre en tono moderado -como el resultado de una formación en valores como hospitalidad y disciplina- contrasta con el deseo que tienen como República de gritar al mundo su necesidad de ser reconocidos en los papeles como la Nación democrática y multipartidista que muestran con orgullo en la práctica. Concentrada en las exportaciones, la isla ha conseguido pasar del estatus de aldea agrícola relativamente pobre al de potencia económica líder en la fabricación de productos de alta tecnología.

Taipei sorprende en modernidad, como la capital de ese pequeño territorio de poco más de 36 mil kilómetros cuadrados (algo más grande que nuestra provincia de Tucumán), en el que habitan 23.5 millones de personas, con estándares de primer mundo. Acaso ese pequeño gigante del Pacífico ha sabido convertirse en potencia en tecnología informática y de comunicaciones, y mira al mundo desde su emblemático Taipei 101, uno de los edificios más altos del planeta. En 2015, el país logró convertirse en el 17 mayor exportador de mercancías del globo.

“Esperamos que la relación con Argentina crezca y se afiance pero para bailar el tango se necesitan dos y en este caso la presión de China Continental es muy clara para que no seamos dos...”, se lamentó el embajador Diego Chou, director de asuntos latinoamericanos y el Caribe. El funcionario recordó que a fines de 1949 en la isla se refugiaron alrededor de dos millones de chinos vinculados al partido nacionalista que perdió el control sobre la China continental y continuó su existencia en Taiwán. Tras verse obligado a abandonar el continente, vencido por los comunistas de Mao, el general Chiang Kai-shek reorganizó la cúpula del partido nacionalista en la isla. Esa victoria de los comunistas en la guerra civil empujó al exilio taiwanés. Esa bisagra se rememora en el imponente Memorial que hoy recuerda la figura de Chiang Kai-shek.

Tai Pei- Taiwán

Su gobierno mantuvo fuerte oposición a cualquier tipo de reconocimiento del régimen comunista de la República Popular insistiendo en que la República de China era la única y verdadera China, la “China libre”. Mientras que los países del bloque socialista reconocieron a la República Popular ya en 1949, muchos países del mundo continuaron reconociendo a la República de China como gobierno legítimo de toda China hasta los años 1970. Esto les permitió mantener el asiento correspondiente a China en las Naciones Unidas hasta 1971. Pero luego, fueron desplazados y las alianzas claves con EEUU o Japón ya no fueron las mismas. Hoy, 70 años más tarde, Taiwán no logra ser reconocido como Nación más que por un puñado de 20 pusieses de todo el mundo. ¿El motivo? La poderosa influencia de China para evitar ese reconocimiento, casi en analogía (con diferencias) con lo que sucede entre España y Cataluña.

Por eso, desde el Gobierno local piden apoyo a la comunidad internacional y a los países aliados para mantener las relaciones de paz con China Continental, por lo que llama también a entender la relación entre ambos países. Chiu Chui Cheng, viceministro Consejo para los Asuntos de China Continental, resaltó que a pesar de las diferencias entre ambos países y los momentos hostiles, en los últimos 30 años de relaciones el vecino país ha sido el principal aliado comercial, cuyo intercambio asciende entre los 180 a los 200 mil millones de dólares.

“Las acciones de China Continental para que otros países rompan sus relaciones con nosotros y aislarnos son injustas, y una forma de violencia”, aseveró el funcionario taiwanés, ras hacer énfasis que todos saben que China Continental en una nación grande y ellos son un país pequeño. Por esta complicada situación dijo que su nación pide el apoyo a la comunidad internacional para mantener las relaciones de paz y su status quo de independencia, el cual explica según una encuesta que realizaron, el 80 por ciento de la población quiere conservar, y solo un 3% desea la unificación. “China Continental tiene que entender que Taiwán es independiente y que el lenguaje común tiene que ser La Paz”, concluye.

Los anfitriones nos reciben agachando la cabeza en señal de respeto, una y otra vez. Y al final de cada reunión de las muchas que tenemos para conocer más sobre su pasado, presente y futuro, nos acompañan hasta la puerta del bus, esperan serenamente que nos acomodemos en él y que el motor se ponga en marcha para alejarnos. Entonces nos saludan agitando sus manos, casi como lo haría una madre o un amigo muy querido en la Argentina. Así es Taiwán, el pequeño país de oriente que crece todos los días como un árbol -gracias a la enorme disciplina de su pueblo- y ya es la economía número 22 del planeta por volúmen de PIB. Y todo pese a la sombra del gigante

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