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Maia, un ejemplo de lucha constante por respirar

Vivía en Mariano Moreno cuando al año de vida le detectaron fibrosis quística. Murió a los 10.

FABIÁN CARES

stukafcares@yahoo.com.ar

MARIANO MORENO

La lucha por respirar es uno de los constantes desafíos que deben afrontar cada día aquellos niños, jóvenes y adultos que padecen fibrosis quística, un trastorno genético que afecta sobre todo a los pulmones y el sistema digestivo y hace que quienes la sufren sean más vulnerables a infecciones pulmonares repetidas. Esta enfermedad, desconocida para muchos y que años atrás no se podía diagnosticar ni mucho menos tratar de la mejor manera, es la que terminó en diciembre de 2015 con la vida de Maia Samira Lino, cuando tenía 10 años.

A Maia la diagnosticaron al año y medio de vida, cosa que hizo muy difícil un tratamiento porque la enfermedad ya había avanzado mucho en su cuerpo. En el hospital de Mariano Moreno, en el lapso de ese año y medio siempre le diagnosticaban pulmonía, algo muy lejos de la realidad, hasta que en una derivación a Neuquén le detectaron su mal a través de un test del sudor.

En el caso de esta enfermedad, es muy importante la detección temprana ya que mejora sustancialmente la calidad de vida de los pacientes y los ayuda a llegar bien, en el mejor de los casos, a un trasplante de pulmón.

La abuela de Maia, Mere López, fue quien la acompañó en todo el proceso de su enfermedad y en las continuas internaciones en Zapala o en el hospital Castro Rendón de Neuquén. “Maia, a pesar de llevar casi todo el tiempo una mochila de oxígeno, hizo el esfuerzo por estudiar y se transformó en un ejemplo por su garra y pasión por la vida, y cursando el final de su sexto grado afrontó la última internación, que al final no pudo superar. Ella luchó por vivir hasta el último suspiro”, contó con orgullo y tristeza su abuela.

En esta localidad, Maia es considerada un ejemplo por su amor y pasión por la vida a pesar de la cruel enfermedad que llevaba a cuestas. Una placa colocada recientemente en la Escuela 135 dice: “Tu sonrisa será eterna y tu lucha por respirar, un símbolo latente de amor y pasión por la vida”. Además de concurrir a la escuela, la pequeña formaba parte del club de aventureros y conquistadores Hue Nehuen de Mariano Moreno.

Desde el principio del tratamiento de la enfermedad de su nieta, Mere conoció a la doctora Lina Abram, puntal fundamental en este proceso. Le agradeció a ella y a todos los doctores y enfermeros que pasaron por la vida de Maia. “Les estoy eternamente agradecida a todos ellos porque ellos hicieron todo lo posible para que Maia lograra ganar la batalla a esta cruel enfermedad”. Y recuerda a su “princesa”, quien hoy “respira en paz y eso llena el vacío de su ausencia”.

LA DESPEDIDA DE SU FAMILIA

El extenso camino al cielo de un ángel

Familiares de Maia la despidieron con una carta. A continuación, reproducimos un fragmento:

“Maia, desde el día que nació, trajo consigo un libro lleno de hojas blancas en las que el tiempo y la vida fueron escribiendo los trazos de su historia. Hoy, a la distancia de aquel día, nos damos cuenta de que Dios había mandado a uno de sus ángeles para que estuviera cerca de nosotros, para que nos guardara en todos nuestros caminos. En las páginas de ese libro pronto apareció la FQ (fibrosis quística), esos ‘bichitos malos’ que tardaron 10 años en gastarle hasta el último rincón de sus pulmones.

(...) Duele no ver tu eterna sonrisa, el ceño fruncido cuando tomabas algo o tu carita de ‘yo no fui’ ante una travesura, también duele y se extraña hasta el ‘todo bien, mami’. Son tantas cosas que nos traen tu recuerdo en todo momento.

Hoy nos consuela imaginar que corrés por los jardines celestiales, libre de vías y de tu infaltable mochila de oxígeno.

El dolor de tu ausencia duele tanto que duele hasta sentir que se estruja el corazón. Sólo reconforta pensar que ahora respirás sin dificultad, pero de igual manera quisiéramos tenerte un ratito más con nosotros para disfrutar tu presencia”.

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