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Margarita, la primera administradora neuquina de un parque solar

Se crio en el mismo campo donde se instalaron los paneles, y cambió una vida de changas por un trabajo estable de la mano de esta energía renovable.

Margarita Sáez dicen que ellos están en El Alamito desde siempre. Ya los papás de sus papás acarreaban chivas por los relieves de la precordillera y, aunque ella vive desde hace años en Chos Malal, vuelve cada fin de semana para ayudar en la invernada y la veranada. Ahora, desde que su familia acordó la venta de unas 10 hectáreas para la creación de un parque solar, regresará a su campo de otra manera: llegará como la primera neuquina administradora de los paneles que prometen revolucionar la energía de Neuquén.

Desde que se acordó la llegada del parque solar a El Alamito, los Sáez obtuvieron una serie de beneficios para la familia. La provincia firmó la instalación de un panel para la zona de la veranada, en las tierras más altas de su campo, y otro en la invernada, en la zona más deprimida, donde las chivas se refugian del castigo de la nieve. Esos equipos prometen dotarlos de luz y de calor.

"Ahora nos calefaccionamos con leña, pero con los paneles podemos poner aparatos eléctricos de calefacción", dice Margarita sobre la vida en el campo, una que vive todavía cada fin de semana, cuando descansa de su trabajo como empleada de limpieza y vuelve a ayudar a sus papás, que siguen criando a las chivas a pesar de su edad avanzada.

La mujer de 46 años hace dedo para desandar los 20 kilómetros que separan a ese campo de su casita de dos dormitorios en en un barrio de Chos Malal. "Siempre tengo suerte, no espero más de 10 minutos y encuentro a alguien que me lleve", dice y deja adivinar su sonrisa a través del teléfono. Como no sabe manejar y nunca se animó a andar en moto, se ampara en la solidaridad de sus vecinos para su nuevo rol, que la llevará todos los días a las instalaciones de El Alamito.

margarita parque solar

"No sé si quedarme o no con mis viejos, porque a a veces uno molesta, y no los quiero molestar", explica sobre la posibilidad de dormir otra vez en la casa de su infancia. Y quizás por eso se turna: pasa un fin de semana en la invernada con su mamá, que se afana en las tareas de la huerta, y otro fin de semana con su papá, que en las tierras altas de la veranada vigila con mucho tiento a sus chivas para protegerlas de la amenaza letal de los pumas y los "perros malos".

Los dos tienen que estar siempre vigías para evitar que sus 500 animales caigan presos de depredadores o se pierdan en la cordillera; así hasta que el frío otra vez los empuje a las tierras más bajas, repitiendo la antiquísima transhumancia en busca de buenas pasturas y una escasa cuota de calor.

Margarita sabe todo del campo, pero cada semana elige la vida más urbana de Chos Malal. Hasta hace poco, nunca había tenido un empleo formal. "Limpiaba casas, planchaba, todas changuitas", dice sobre los trabajos precarios que le dieron un valioso sustento cuando se quedó viuda y con cinco hijos para criar.

"Hace siete años empecé a trabajar en tareas de limpieza y me blanquearon enseguida", explica. Pero admite que el sueldo es demasiado bajo. Por eso, se ilusiona con la posibilidad de un trabajo nuevo, como coordinadora del parque solar de El Alamito, que promete una paga más generosa y una gran dosis de desafíos para afrontar.

Como parte del acuerdo por la cesión de las tierras, el gobierno provincial les prometió a los Sáez un cargo dentro de la administración del parque solar. Y ese puesto le tocó a Margarita, que se dedicará a la limpieza de los paneles y el desmalezamiento en absoluta soledad. "Por ahora voy a estar yo sola, pero puede que después se sumen más", afirma.

margarita parque solar

La firma del convenio llegó con un acto oficial que sacudió por completo la rutina de la mujer. "Pasé la noche anterior sin dormir, nunca había estado en un acto así", dice y comparte las fotos que la muestran con el pelo trenzado con esmero y una sonrisa franca que se repite en todos los flashes, muy cerca de las autoridades del gobierno provincial.

“Margarita tiene ganas y coraje”, dijo el gobernador Omar Gutiérrez durante la firma del convenio, y concluyó: “Cuando ponemos en valor nuestros recursos, es para le gente y para fortalecer el arraigo”.

Aunque todavía no sabe demasiado sobre su nuevo puesto, ya se ilusiona con la posibilidad de cambiar su trabajo actual por otro más estable, que le permita concretar algunas ambiciones que alberga desde siempre. "Tengo una casa muy chiquita, de dos dormitorios, y me gustaría poder ampliar aunque sea el comedor", dice sobre la pequeña vivienda donde creció su familia de seis.

Ahora, sólo su hijo más chico, de 20 años, está bajo su tutela. Los demás ya formaron pareja o consiguieron sus propios trabajos, por lo que Margarita destina su tiempo libre a ocuparse de las tareas de sus papás. Afirma que no necesita demasiado, pero sí quizás una ilusión nueva que la empuje hacia adelante.

"Hay mucha gente que critica, que dice que toda la energía se la van a llevar para Chile", explica sobre las dudas que sembró el nuevo proyecto de energía solar entre los habitantes del norte neuquino. "Pero yo creo que no, porque este parque va a beneficiar a la gente, va a beneficiar a todos; si me preguntan a mí, yo estoy re contenta", concluye.

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