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El colectivo Son Miradas construyó un espacio de memoria viva. Se inaugura el 7 de marzo en el Centro Cultural Alberdi.
No conoció a su papá. La dictadura cívico-militar le quitó esa posibilidad primaria. Era geólogo y trabajaba en YPF. Sabe lo que sabe por los relatos de su familia, por la memoria que se construye desde la oralidad y desde algunas pocas imágenes que acompañan, desde el amor, a quienes no tuvieron la posibilidad del abrazo. En cambio, lo imagina en la inmensidad de la estepa donde trabajaba y que rodea a su pueblo, Cutral-Co.
Una historia, una foto. No se trata de un simple hecho de papel y luz. Es una construcción colectiva, un ejercicio de la memoria, una necesidad que pondera la vida. De eso se trata Imagen y memoria. Retratos para no olvidar, la muestra en la que trabajó durante un año el colectivo fotográfico Son Miradas en el marco de los 50 años del golpe de Estado y que se inaugura el próximo 7 de marzo, a las 20 h, en el Centro Cultural Alberdi (Alberdi y Avenida Argentina).
La idea surgió de la necesidad de conocer las historias que habitan nuestro cotidiano sin que podamos conocerlas. Mucho se escribió sobre las hijas e hijos de desaparecidos del Alto Valle, pero aquí el foco está en el presente: en ponerle imagen a un relato actual, sobre esas vidas que continúan, se deslizan y se transforman en universos íntimos marcados para siempre por la Dictadura.
Luego de un largo camino de escucha y diálogo con cada hija e hijo, Son Miradas plasmó en 17 retratos fotográficos lo que prevalece, lo que duele, lo que enorgullece y la búsqueda que atraviesa las historias de quienes eran muy pequeños cuando su mamá, su papá o ambos fueron desaparecidos. Muchos eran bebés; ninguno tenía más de 10 años.
Las fotos son puertas abiertas, construcciones heterogéneas que surgieron durante el proceso de entrevistas. Algunos quisieron retratarse junto a sus hijos; otros, en las casas de su infancia, donde fueron secuestradas sus madres y padres; otros eligieron traer a la mesa del comedor fotos, objetos, juguetes y libros, recuerdos con los que construyeron su identidad.
Cada historia es diferente. No todos crecieron en la verdad. Cada familia procesó el dolor y las ausencias como pudo. Tampoco todos fueron o son militantes de la agrupación HIJOS: cada quien lleva su memoria, su dolor y su forma de pensar el mañana. No todos se hacen las mismas preguntas ni encuentran las mismas respuestas. Las entrevistas resultaron tan impactantes que cada foto va acompañada de un fragmento textual.
Lo que sí comparten es la necesidad de saber dónde están sus padres y madres. Si en algún momento la consigna fue Juicio y Castigo, Memoria, Verdad y Justicia, hoy persiste una necesidad profunda de saber qué hicieron con sus seres amados y de sostener la lucha por la vida y por “no militar la derrota”, como dijo una de las hijas.
También es común el rol fundamental que cumplieron sus abuelas y abuelos durante la infancia y después: las formas de amar, de acompañar y de sostener.
“Las personas que retratamos son nuestros amigos, vecinos, conocidos, profesores. Las nuevas generaciones se los cruzan en la calle y no conocen sus historias. Hace 50 años eran niños y atravesaron algo inexplicable, que no pudieron comprender y con lo que crecieron”, explica Daniela, fotógrafa del proyecto.
Lidia, otra de las integrantes del grupo, confirma esa mirada. Cuenta que trabajó durante 20 años con una compañera sin saber que su esposo, a quien conocía de la vida cotidiana, era hijo de desaparecidos. A partir de eso, pudo reconocerlo de otra manera, no solo a él sino también a su compañera.
El proceso comenzó contactando a personas cercanas al grupo, a quienes les explicaron el proyecto y la intención de dimensionar cómo atravesaron la ausencia y cómo construyeron su presente. Luego se fue ampliando, tejiéndose como una red. La intención es que el trabajo no se agote en esta muestra, sino que continúe creciendo con nuevas historias.
“La historia está viva y hay que contarla. Las abuelas están partiendo, las madres están partiendo o son mayores. Queda la generación de los hijos. Es necesario rescatarlas para caminar junto a ellos”, explica Lidia.
Son Miradas es un colectivo social de fotógrafas y fotógrafos neuquinos coordinado por Omar Maraury, referente de la fotografía regional no solo por su obra artística, sino por su compromiso y su rol formador de nuevas generaciones.
Para esta muestra trabajaron activamente la diseñadora gráfica Ivalú Obeid; Haydée Sandoval, profesora jubilada de Ciencias de la Educación; Marcela Novoa, profesora jubilada de Educación Física; Lidia Barreto, profesora jubilada de Historia; Daniela Agnello, profesora jubilada de Literatura, y Omar Maraury.
Es un espacio autogestivo. Cada muestra se logra con el esfuerzo de quienes la impulsan. Es una construcción paciente, sostenida por la conciencia del valor conceptual, político y social de la memoria.
Imagen y memoria. Retratos para no olvidar dará inicio a las actividades organizadas por los organismos de derechos humanos a 50 años del golpe. Durante marzo estará expuesta en el Centro Cultural Alberdi. En abril llegará al Teatro Deriva y en mayo se trasladará a Casa de las Leyes.
Belleza, luz, infancia, lucha, presente. Una muestra para sondear y abrazarnos a la ternura y a la memoria, al bastión infinito que hemos construido.