Según la ex suegra de Laudonio, ella había denunciado varias veces al agresor, de nombre Cristian, quien hostigaba a toda la familia. "Otra más, una más, esto es la crónica de algo anunciado. Ella había hecho denuncias y pedidos de restricción. Una vez él se le había metido en el cuarto y estuvo 20 horas debajo de la cama. Con él tenía un solo hijo. Las dos nenas son de mi hijo: Leila y Azul".
"Él creía que ella había vuelto con mi hijo pero no, tenía otra pareja. Se me paraba enfrente de la casa, iba a buscar a mi hijo al frigorífico y lo amenazaba, le decía que lo iba a matar. Un día se presentó a un almuerzo familiar con un arma, era un psicópata. Hice varias denuncias, acosaba el barrio de mi hijo", concluyó.
El asesino tenía un pedido de restricción, pero nunca fue otorgado pese a las amenazas que realizaba.
Casos similares
Hay otros dos femicidios calcados donde las restricciones no sirvieron de nada. Entre un caso y otro pasaron siete meses. Mayra Belén Morán hizo de todo para que su ex no la matara. Una y otra vez, doce veces en total, denunció por violento a Sebastián Moreno, en Manzanares, partido de Pilar. A Moreno no lo frenó nada. A cada denuncia, él contestaba con más violencia y amenazas.
Mayra había logrado que a Moreno lo excluyeran del hogar y le impusieran una restricción de acercamiento de 500 metros a la redonda. Moreno siguió impune, como si nada. Un día violó la restricción perimetral y fue directo a la casa de su ex. Se topó con la madre de la víctima y le dijo: "Vaya comprando tres cajones, uno para usted, uno para su hija y otro para su nieto".
Mayra se levantó decidida a denunciarlo una vez más. Juntó en su cartera todas las denuncias previas. Su idea era llegar a la fiscalía de género para alertar que Moreno seguía hostigándola. Pero a él nada lo detuvo. Volvió a violar la restricción y atacó a Mayra cuando salía de su casa de varias puñaladas. No le dio chance de defensa. Escapó y lo detuvieron a los pocos días, cuando deambulaba sin nada.
Deborah Natalí Díaz también había denunciado a su pareja, Brian Montenegro. La Justicia también lo había excluido del hogar y le había impuesto una restricción perimetral. Como en todos los casos, a Montenegro nada lo frenó. Una y mil veces violó las restricciones. La tarde previa al crimen gritó su amenaza en la cara de la hermana de la víctima. A las cuatro horas cumplió y mató. Deborah fue atacada delante de sus hijos de 1, 6 y 11 años y murió desangrada. Montenegro escapó y lo detuvieron al día siguiente.
No se controla a los agresores
La pregunta para todos estos casos es igual: ¿de qué sirvieron los pedidos de restricciones perimetrales y las exclusiones de hogar? De nada. Nadie otorgó esas medidas y cuando se dieron, no se controló el cumplimiento. Triste realidad.