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Luego de establecer una compleja red de espionaje mediante cámaras ocultas y la sincronización de los dispositivos móviles de su mujer, un hombre de Gales halló que su esposa, madre de sus tres hijos, estaba teniendo un affaire con uno de sus amigos. Cegado por los celos, Andrew Jones tramó todo un plan con el que mató a tiros a su amigo y lo incineró.
Utilizando el teléfono de su mujer, Jones citó al amante, Michael O’Leary, en una granja de su propiedad. Ahí, Jones le disparó con un rifle Colt calibre .22, envolvió el cadáver en una bolsa de plástico, envió un mensaje de texto desde el celular del occiso a la esposa que decía “lo siento” y hundió su camioneta en un río cercano para hacerlo pasar como un suicidio.
Al notar su desaparición y recibir el mensaje, la familia de O’Leary acudió a las autoridades que iniciaron la búsqueda y la investigación. Al día siguiente, Jones incineró el cuerpo y tiró las cenizas al río. También le escribió un mensaje a su amigo preguntándole si estaba bien, para evitar sospechas. En sus pesquisas, las autoridades descubrieron que Jones conocía desde varios meses atrás la relación que su esposa tenía con O’Leary, por lo que investigaron con mayor detenimiento sus acciones. Fue así cómo encontraron manchas de sangre en su auto y la red tecnológica que había utilizado para espiar los movimientos de su esposa y acceder a los mensajes que intercambiaba en su móvil con su amante.
Jones, de 53 años, fue condenado a cadena perpetua.